Lectura y Explicación del Capítulo 87 de Salmos:
1 Su cimiento está en el monte santo.
2 Ama Jehová las puertas de Sión más que todas las moradas de Jacob.
3 ¡Cosas gloriosas se han dicho de ti, ciudad de Dios! Selah
5 Y de Sión se dirá: «Este y aquel han nacido en ella». Y el Altísimo mismo la establecerá.
6 Jehová contará al inscribir a los pueblos: «Este nació allí». Selah
7 Y cantores y músicos dirán en ella: «Todas mis fuentes están en ti».
La Ciudad de Dios: Más que un Lugar, un Hogar para el Alma
Cuando leemos el Salmo 87, no estamos solo mirando un mapa o una ciudad antigua. Sión aparece aquí como algo mucho más profundo: un símbolo de quiénes somos en lo más íntimo, un lugar donde encontramos nuestra verdadera identidad y un sentido de pertenencia que va más allá de lo físico. Decir que sus cimientos están en el monte santo no es solo una frase bonita, es decir que nuestra fortaleza real no viene de lo que construimos con nuestras manos, sino de algo mucho más sólido: la presencia de Dios que sostiene todo.
Un Abrazo Que No Conoce Fronteras
Lo curioso es que este salmo no se queda solo en quienes tradicionalmente pertenecían a Sión. Menciona a naciones que en su tiempo parecían lejanas, incluso enemigas. Babilonia, Filistea, Tiro, Etiopía… nombres que traen a la mente historias de conflicto y separación, pero aquí son incluidos como parte de la gran familia de Dios. Eso nos sacude porque nos obliga a pensar: ¿realmente existe una división cuando Dios llama? La respuesta, aunque a veces difícil de aceptar, es que no. El amor divino atraviesa muros, prejuicios y distancias.
Esta invitación a la inclusión no es solo algo para soñar o discutir en teoría. Nos toca el corazón y nos desafía en lo cotidiano a abrirnos, a dejar que Dios cambie nuestra mirada y nos haga parte activa de este sueño de unidad y reconciliación, donde la diversidad se convierte en riqueza y no en barrera.
Una Identidad Que Nos Sostiene en Medio de la Tormenta
El salmo también nos habla de algo que, en el fondo, todos anhelamos: ser reconocidos y tener un lugar seguro. Dios es quien establece a cada uno en Sión, no por linaje, ni por méritos humanos, sino por su propia voluntad. Eso significa que nuestra identidad no se basa en lo que el mundo dice de nosotros, sino en lo que Dios dice. Y esa verdad, aunque a veces nos cueste creerla, puede ser un refugio cuando todo a nuestro alrededor parece incierto o cambiante.
Y entonces llega la imagen de los cantores y músicos, llenos de alegría, proclamando que “todas mis fuentes están en ti”. Es como si nos recordaran que nuestra vida, para ser realmente plena, tiene que beber de esa fuente inagotable que es Dios mismo. No se trata solo de sobrevivir, sino de florecer desde adentro, con una alegría que no depende de las circunstancias, sino de esa conexión profunda con lo divino.















