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Lectura y Explicación del Capítulo 11 de Levítico:
1 Habló Jehová a Moisés y a Aarón, y les dijo:
3 De entre los animales, comeréis todo el que tiene pezuña hendida y que rumia.
5 También el conejo, porque rumia pero no tiene pezuña, lo tendréis por inmundo.
6 Asimismo la liebre, porque rumia pero no tiene pezuña, la tendréis por inmunda.
8 De su carne no comeréis, ni tocaréis su cuerpo muerto: los tendréis por inmundos.
11 Os serán, pues, abominación: de su carne no comeréis, y abominaréis sus cuerpos muertos.
12 Tendréis por abominable todo lo que en las aguas no tiene aletas y escamas.
14 el gallinazo, el milano según su especie;
16 el avestruz, la lechuza, la gaviota, el gavilán según su especie;
17 el búho, el somormujo, el ibis,
18 el calamón, el pelícano, el buitre,
19 la cigueña, la garza según su especie, la abubilla y el murciélago.
20 Tendréis por abominable todo insecto alado que anda sobre cuatro patas.
22 De ellos comeréis estos: toda clase de langosta, de langostín, de grillo y saltamontes.
23 Cualquier otro insecto alado que tenga cuatro patas, os será abominación.
30 el erizo, el cocodrilo, el lagarto, la lagartija y el camaleón.
37 Y si cae uno de esos cadáveres sobre alguna semilla que se haya de sembrar, será limpia.
39 Si muere algún animal que tienes para comer, el que toque su cadáver quedará impuro hasta la noche.
41 Todo reptil que se arrastra sobre la tierra es abominación: no se comerá.
Estudio y Comentario Bíblico de Levítico 11:
La santidad que se refleja en nuestras elecciones
Cuando leemos Levítico 11, a primera vista parece solo una lista de animales que podemos o no podemos comer. Pero, en realidad, ese capítulo es mucho más que eso. Nos está mostrando que la santidad de Dios no es una idea lejana, algo que solo existe en el cielo o en libros antiguos. Es algo que debería verse en cada detalle de nuestra vida, incluso en decisiones tan simples como lo que decidimos poner en nuestro plato. Dios pone estas reglas no para complicarnos, sino para que aprendamos a vivir diferente, con cuidado y respeto por lo que aceptamos en nuestro cuerpo y en nuestra vida. Esa división entre lo limpio y lo inmundo no es solo sobre comida, sino una invitación a buscar una pureza que toca el corazón y la manera en que vivimos.
Un llamado a la identidad y la obediencia
Imagina que estás en medio de un vecindario donde todos hacen las cosas de una manera, y tú decides seguir un camino distinto. Eso es un poco lo que pasaba con los israelitas. Las naciones alrededor tenían costumbres muy diferentes, y estas normas les ayudaban a mantener su identidad, a recordar quiénes eran y a quién servían. No era solo una cuestión de salud o higiene, sino un símbolo claro de compromiso con Dios. Al seguir estas indicaciones, estaban diciendo “Estoy dispuesto a vivir para un Dios santo, que me rescató”.
Pero no se queda ahí. Esta separación entre limpio e inmundo nos invita a pensar en cómo vivimos día a día. No todo lo que parece inofensivo es bueno para nosotros. Como cuando elegimos con cuidado qué alimentos llevar a nuestra mesa, también debemos discernir qué pensamientos, personas o hábitos dejamos entrar en nuestro corazón. Porque ser santo es cuidar lo que permitimos en nuestra vida, sabiendo que somos como un templo donde habita el Espíritu Santo.
La pureza que fortalece la comunidad
Lo curioso es que estas reglas no solo hablan de cada persona, sino que también reflejan un deseo profundo de Dios por cuidar a toda la comunidad. Cuando alguien tocaba algo impuro, esa persona quedaba “contaminada” hasta la noche. Eso nos muestra que la impureza no desaparece de un momento a otro, y que afecta cómo convivimos y nos relacionamos con Dios y con los demás. Ese tiempo de espera es como un espacio para limpiar, para restaurar lo que se ha perdido.
Este proceso no es solo un mandato, sino una enseñanza sobre la gracia y la paciencia de Dios, quien nos ofrece siempre la oportunidad de volver a empezar. La santidad no es un peso que llevamos solos, sino un camino que andamos juntos, pensando no solo en nosotros sino en el bienestar de toda la comunidad.















