Portada » Levítico 3

Levítico 3

📖 Estos anuncios nos ayudan a seguir creando contenido gratuito. Si quieres apoyar nuestro proyecto y ocultar los anuncios para siempre, toca aquí para hacerte miembro.
Escucha el capítulo bíblico: 🔊
Escucha el capítulo completo: 🔊

Volver al libro Levítico

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente
Lee el Capítulo 3 de Levítico y pulsa sobre cada versículo para ver su explicación.

Lectura y Explicación del Capítulo 3 de Levítico:

1 Si su ofrenda es un sacrificio de paz, y lo que ha de ofrecer es de ganado vacuno, ofrecerá delante de Jehová un macho y una hembra sin defecto.

2 Pondrá su mano sobre la cabeza de su ofrenda, la degollará a la puerta del Tabernáculo de reunión, y después los hijos de Aarón, los sacerdotes, rociarán su sangre en el altar, por todos sus lados.

3 Luego ofrecerá del sacrificio de paz, como ofrenda quemada a Jehová, la grasa que cubre los intestinos, y toda la que está sobre las entrañas,

4 y los dos riñones y la grasa que está sobre ellos y sobre los ijares; con los riñones quitará la grasa de los intestinos que está sobre el hígado.

5 Los hijos de Aarón harán arder todo esto en el altar, sobre el holocausto que estará sobre la leña que habrá encima del fuego. Es una ofrenda de olor grato para Jehová.

6 Pero si su ofrenda para el sacrificio de paz a Jehová es de ovejas, ofrecerá un macho y una hembra sin defecto.

7 Si presenta un cordero como su ofrenda, lo presentará delante de Jehová.

8 Pondrá la mano sobre la cabeza de su ofrenda, y después la degollará delante del Tabernáculo de reunión. Luego los hijos de Aarón rociarán su sangre en el altar, por todos sus lados.

9 Del sacrificio de paz presentará como ofrenda quemada a Jehová la grasa, la cola entera, que cortará desde la raíz del espinazo, la grasa que cubre todos los intestinos, y toda la que está sobre las entrañas.

10 Asimismo los dos riñones y la grasa que está sobre ellos y sobre los ijares; con los riñones quitará la grasa que cubre el hígado.

11 El sacerdote hará arder todo esto sobre el altar. Es manjar de ofrenda quemada para Jehová.

12 Si es una cabra su ofrenda, la presentará delante de Jehová.

13 Pondrá la mano sobre su cabeza y la degollará delante del Tabernáculo de reunión. Los hijos de Aarón rociarán su sangre en el altar, por todos sus lados.

14 Después presentará de ella, como su ofrenda quemada a Jehová, la grasa que cubre los intestinos y toda la que está sobre las entrañas,

15 los dos riñones, la grasa que está sobre ellos y sobre los ijares; con los riñones quitará la grasa que cubre el hígado.

16 Luego el sacerdote hará arder todo esto sobre el altar. Es manjar de ofrenda de olor grato que se quema a Jehová. Toda la grasa es de Jehová.

17 Estatuto perpetuo será para vuestros descendientes, dondequiera que habitéis: ninguna grasa ni ninguna sangre comeréis».

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente

Estudio y Comentario Bíblico de Levítico 3

Lo que realmente nos habla el sacrificio de paz

En Levítico, capítulo 3, nos topamos con un tipo de sacrificio que no es como los demás. No es para limpiar culpas ni para pedir perdón, sino algo más profundo: es un acto que busca una comunión real entre la persona y Dios. Cuando alguien llega con un animal sin defecto, no está solo siguiendo una regla; está diciendo, de corazón, “quiero estar en paz contigo, quiero cuidar esta relación que me das”. Y ese momento en que pone las manos sobre la cabeza del animal… es como si estuviera transfiriendo toda su intención, sus ganas de reconciliarse y entregarse, a esa ofrenda. Es un gesto tan simple, pero lleno de significado.

Por qué la grasa y la sangre son tan importantes

Lo curioso de este sacrificio es la atención especial que se le da a la grasa y a la sangre, dos cosas que a primera vista pueden parecer detalles técnicos, pero que en realidad hablan de mucho más. La grasa, en la cultura de entonces, representaba lo mejor, lo más valioso del animal. Regalarla a Dios era entregar lo más preciado que uno tenía. Y la sangre… esa era la vida misma. Rociarla en el altar no era un acto cualquiera; era como decir, “mi vida está en tus manos”. Es un símbolo fuerte, que nos muestra que reconciliarse con Dios no es solo cumplir con un ritual, sino darlo todo y reconocer lo santo que es todo esto.

Además, había una regla clara: no comer ni la grasa ni la sangre. No era solo por capricho, sino porque esas partes estaban reservadas solo para Dios. Eso nos invita a pensar que en nuestra relación con Él hay cosas que no podemos tomar para nosotros, que hay límites sagrados que merecen respeto y cuidado.

Vivir en paz: más que un ritual, un camino

Al final, este capítulo no es solo historia o normas antiguas; es una invitación a preguntarnos cómo estamos viviendo esa paz con Dios y con los que nos rodean. El sacrificio de paz nos habla de una vida entregada, de ofrecer lo mejor de nosotros desde el amor y la comunión. Es darse cuenta de que esa relación no es solo entre nosotros y Dios, sino que también debe reflejarse en cómo tratamos a los demás. Cuando valoramos la vida que Dios nos ha dado y respetamos su santidad, estamos viviendo una espiritualidad que trasciende lo externo y se hace profunda, verdadera y transformadora.

Testimonios de nuestros lectores:

Deja un comentario