Portada » Génesis 38

Génesis 38

📖 Estos anuncios nos ayudan a seguir creando contenido gratuito. Si quieres apoyar nuestro proyecto y ocultar los anuncios para siempre, toca aquí para hacerte miembro.
Escucha el capítulo bíblico: 🔊
Escucha el capítulo completo: 🔊

Volver al libro Génesis

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente
Lee el Capítulo 38 de Génesis y pulsa sobre cada versículo para ver su explicación.

Lectura y Explicación del Capítulo 38 de Génesis:

1 Aconteció en aquel tiempo que Judá se apartó de sus hermanos, y se fue a casa de un adulamita que se llamaba Hira.

2 Allí conoció Judá a la hija de un cananeo, el cual se llamaba Súa; la tomó y se llegó a ella.

3 Ella concibió y dio a luz un hijo, al que llamó Er.

4 Concibió otra vez y dio a luz un hijo, al que llamó Onán.

5 Volvió a concebir y dio a luz un hijo, al que llamó Sela. Ella se hallaba en Quezib cuando lo dio a luz.

6 Después Judá tomó para su primogénito Er a una mujer llamada Tamar.

7 Pero Er, el primogénito de Judá, fue malo ante los ojos de Jehová, y Jehová le quitó la vida.

8 Entonces Judá dijo a Onán: –Llégate a la mujer de tu hermano, despósate con ella y levanta descendencia a tu hermano.

9 Sabiendo Onán que la descendencia no sería suya, cuando se llegaba a la mujer de su hermano vertía en tierra, para no dar descendencia a su hermano.

10 Como desagradó a Jehová lo que hacía, a él también le quitó la vida.

11 Entonces Judá dijo a su nuera Tamar: –Permanece viuda en casa de tu padre, hasta que crezca mi hijo Sela. (Esto dijo pues pensaba: «No sea que muera él también, como sus hermanos».) Tamar se fue y se quedó en casa de su padre.

12 Pasaron muchos días y murió la hija de Súa, la mujer de Judá. Cuando Judá se consoló, subió a Timnat (donde estaban los trasquiladores de sus ovejas) junto a su amigo Hira, el adulamita.

13 Y avisaron a Tamar, diciéndole: «Tu suegro sube a Timnat a trasquilar sus ovejas».

14 Entonces se quitó ella los vestidos de su viudez, se cubrió con un velo para no ser reconocida y se puso a la entrada de Enaim, junto al camino de Timnat, pues veía que Sela había crecido y que ella no le era dada por mujer.

15 Cuando Judá la vio, la tuvo por una ramera, pues ella había cubierto su rostro.

16 Entonces se apartó del camino para acercarse a ella y, sin saber que era su nuera, le dijo: –Déjame ahora llegarme a ti. –¿Qué me darás por llegarte a mí? –dijo ella.

17 –Te enviaré un cabrito de mi rebaño –respondió él. –Dame una prenda, hasta que lo envíes –dijo ella.

18 –¿Qué prenda te daré? –preguntó Judá. Ella respondió: –Tu sello, tu cordón y el bastón que tienes en tu mano. Judá se los dio, se llegó a ella y ella concibió de él.

19 Luego se levantó y se fue; se quitó el velo que la cubría y se vistió las ropas de su viudez.

20 Judá envió el cabrito del rebaño por medio de su amigo, el adulamita, para que este rescatara la prenda de la mujer; pero no la halló.

21 Entonces preguntó a los hombres de aquel lugar, diciendo: –¿Dónde está la ramera que había en Enaim, junto al camino? –No ha estado aquí ramera alguna –dijeron ellos.

22 Entonces él se volvió a Judá y le dijo: –No la he hallado. Además, los hombres del lugar me dijeron: «Aquí no ha estado ninguna ramera».

23 Judá respondió: –Pues que se quede con todo, para que no seamos objetos de burla. Yo le he enviado este cabrito, pero tú no la hallaste.

24 Sucedió que al cabo de unos tres meses fue dado aviso a Judá, diciendo: –Tamar, tu nuera, ha fornicado, y ciertamente está encinta a causa de las fornicaciones. Entonces dijo Judá: –¡Sacadla y quemadla!

25 Pero ella, cuando la sacaban, envió a decir a su suegro: «Del dueño de estas cosas estoy encinta». También dijo: «Mira ahora de quién son estas cosas: el sello, el cordón y el bastón».

26 Cuando Judá los reconoció, dijo: «Más justa es ella que yo, por cuanto no la he dado a mi hijo Sela». Y nunca más la conoció.

27 Aconteció que, al tiempo de dar a luz, había gemelos en su seno.

28 Y sucedió durante el parto que uno de ellos sacó la mano, y la partera tomó y ató a su mano un hilo de grana, diciendo: «Este salió primero».

29 Pero volviendo él a meter la mano, salió su hermano; y ella dijo: «¡Cómo te has abierto paso!» Por eso lo llamó Fares.

30 Después salió su hermano, el que tenía en su mano el hilo de grana, y lo llamó Zara.

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente

Explicación de este Capítulo

Reflexiones sobre el Capítulo 38 de Génesis

El capítulo 38 de Génesis nos presenta una historia fascinante que gira en torno a Judá y Tamar. En este relato, se entrelazan temas como la justicia, la responsabilidad y la sorpresa del plan divino. Aunque puede parecer un paréntesis en la historia de José, en realidad es fundamental para entender cómo se teje la genealogía de los israelitas y la relevancia de la descendencia en el marco de las promesas de Dios.

Un Poco de Contexto y Personajes

  • Judá: Es uno de los hijos de Jacob que toma un camino diferente al de sus hermanos. Al establecerse entre los cananeos, parece alejarse de su identidad familiar y espiritual, lo que nos hace pensar en las decisiones que tomamos y cómo estas pueden afectarnos a lo largo de la vida.
  • Tamar: La nuera de Judá, es un personaje que brilla por su determinación. Ella simboliza la lucha por la justicia y la importancia de cumplir con la ley del levirato, un aspecto que nos recuerda la relevancia de nuestras responsabilidades hacia los demás.

Desarrollo de la Historia

La narrativa comienza con Judá alejándose de su familia y casándose con una mujer cananea. De esta unión nacen tres hijos: Er, Onán y Sela. Pero la vida de Er se corta trágicamente debido a su comportamiento ante Dios. Esto lleva a Judá a hacer lo que la ley del levirato exige: que el hermano del fallecido se case con su viuda para preservar la familia y la herencia. Sin embargo, Onán, el segundo hijo, desobedece esta ley y, al hacerlo, provoca la ira de Dios y su propia muerte. Judá, atormentado por la muerte de sus hijos, decide no darle a Tamar a Sela, dejándola en una situación de vulnerabilidad, sin un futuro claro ni descendencia.

El Encuentro entre Judá y Tamar

Cuando Judá se queda viudo, Tamar toma las riendas de su destino. Se disfraza de prostituta y logra seducir a Judá, quien no la reconoce. Este encuentro lleva a Tamar a un embarazo inesperado, lo que desencadena un conflicto cuando Judá descubre su estado. Su reacción inicial es condenarla a muerte, lo que revela una hipocresía notable, ya que él mismo es responsable de la situación en la que se encuentra.

Reconocimiento y Justicia

El verdadero giro de la historia llega cuando Tamar presenta como prueba los objetos que Judá le había dejado. Al reconocer su sello y bastón, Judá se ve obligado a admitir su culpa y, sorprendentemente, declara que ella es más justa que él. Este momento no solo resalta la importancia de la honestidad y la justicia, sino que también nos muestra cómo, a veces, en los momentos más oscuros, Dios puede entrelazar situaciones complicadas para cumplir sus propósitos.

Una Lección de Vida

El capítulo 38 nos recuerda que la historia de Israel está llena de personajes imperfectos y situaciones complejas. A través de la vida de Tamar, podemos ver cómo Dios actúa en los márgenes y en medio de injusticias para traer redención. Es notable que la genealogía de Jesús incluya a Tamar, lo que enfatiza que Dios puede utilizar a cualquiera, sin importar su pasado, para llevar a cabo su plan de salvación.

Así que, más que simplemente narrar eventos históricos, este capítulo nos invita a reflexionar sobre la justicia, la responsabilidad familiar y la gracia divina en medio de nuestras imperfecciones. Es un recordatorio de que, aunque la vida esté llena de giros inesperados, siempre hay espacio para la redención y la esperanza.

Testimonios de nuestros lectores:

Deja un comentario