Lectura y Explicación del Capítulo 7 de Marcos:
1 Se acercaron a Jesús los fariseos y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalén;
7 pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres»,
9 Les decía también: –Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición,
11 pero vosotros decís: «Basta que diga un hombre al padre o a la madre: Es Corbán,
12 y no lo dejáis hacer más por su padre o por su madre,
14 Llamando a sí a toda la multitud, les dijo: –Oídme todos y entended:
16 Si alguno tiene oídos para oír, oiga.
17 Cuando se alejó de la multitud y entró en casa, le preguntaron sus discípulos sobre la parábola.
20 Pero decía que lo que sale del hombre, eso contamina al hombre,
23 Todas estas maldades salen de dentro y contaminan al hombre.
25 Una mujer, cuya hija tenía un espíritu impuro, luego que oyó de él vino y se postró a sus pies.
26 La mujer era griega, sirofenicia de origen, y le rogaba que echara fuera de su hija al demonio.
29 Entonces le dijo: –Por causa de esta palabra, vete; el demonio ha salido de tu hija.
32 Le trajeron un sordo y tartamudo, y le rogaron que pusiera la mano sobre él.
33 Entonces, apartándolo de la gente, le metió los dedos en los oídos, escupió y tocó su lengua.
34 Luego, levantando los ojos al cielo, gimió y le dijo: –¡Efata! (que quiere decir: «Sé abierto»).
35 Al momento fueron abiertos sus oídos, se desató la ligadura de su lengua y hablaba bien.
36 Y les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más les mandaba, tanto más y más lo divulgaban.
Estudio y Comentario Bíblico de Marcos 7:
Mirar más allá: el corazón como la verdadera medida
Muchas veces nos quedamos atrapados en lo visible, en lo que se puede tocar o medir, y olvidamos que lo más importante ocurre en lo profundo. Jesús nos invita a hacer justamente eso: dejar de lado las apariencias y centrarnos en lo que realmente importa, que es el corazón. En aquel tiempo, la religión estaba llena de reglas externas, como lavarse las manos antes de comer, y parecía que con eso bastaba para ser “puros”. Pero él nos muestra que la verdadera pureza no viene de rituales, sino de lo que llevamos dentro, de nuestras intenciones y pensamientos. No es lo que entra por la boca lo que nos ensucia, sino lo que sale de nosotros, esas palabras y acciones que reflejan quiénes somos en realidad.
Cuando la tradición se enfrenta a la verdad divina
Es curioso cómo las tradiciones, que en principio buscan conservar algo valioso, a veces terminan tapando la esencia de lo que realmente importa. Jesús señala que cuando ponemos las costumbres por encima de la palabra de Dios, perdemos el rumbo. Es fácil caer en la trampa de seguir reglas por inercia, sin preguntarnos por qué lo hacemos o si eso nos acerca a lo que Dios quiere para nosotros. Este choque entre la tradición y la verdad nos invita a revisar nuestras propias prácticas, para que no se conviertan en cargas o excusas que nos alejen del sentido profundo de la fe.
La fe que Jesús propone es una fe viva, que va más allá de la forma y toca el corazón, que transforma desde dentro y se refleja en acciones sinceras: justicia, amor, humildad. No quiere que vivamos en hipocresía, disfrazando lo que somos con formalismos, sino que seamos auténticos, buscando siempre esa conexión real con lo divino.
La fe que atraviesa muros y abre puertas
La historia de la mujer sirofenicia es un recordatorio hermoso de que el amor y la fe no entienden de fronteras ni prejuicios. Al principio, Jesús parece distante, pero la perseverancia y humildad de esta mujer lo conmueven. Ella reconoce su necesidad y confía sin reservas. Eso nos enseña que el reino de Dios no es un club exclusivo, sino un espacio donde todos pueden entrar cuando creen de verdad. La fe auténtica tiene ese poder: derribar muros, abrir caminos y encender esperanza. Y nos desafía a ser también nosotros quienes abramos los brazos, sin miedo ni reservas, para construir puentes en un mundo que a veces parece tan dividido.















