Portada » Levítico 7

Levítico 7

📖 Estos anuncios nos ayudan a seguir creando contenido gratuito. Si quieres apoyar nuestro proyecto y ocultar los anuncios para siempre, toca aquí para hacerte miembro.
Escucha el capítulo bíblico: 🔊
Escucha el capítulo completo: 🔊

Volver al libro Levítico

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente
Lee el Capítulo 7 de Levítico y pulsa sobre cada versículo para ver su explicación.

Lectura y Explicación del Capítulo 7 de Levítico:

1 Asimismo esta es la ley del sacrificio por la culpa: «Es cosa muy santa.

2 En el lugar donde se deguella el holocausto, degollarán la víctima por la culpa, y rociará su sangre en el altar, por todos sus lados.

3 De ella se ofrecerá toda la grasa, la cola y la grasa que cubre los intestinos,

4 los dos riñones y la grasa que está sobre ellos y sobre los ijares; junto con los riñones se quitará la grasa que cubre el hígado.

5 Luego el sacerdote lo hará arder sobre el altar como ofrenda quemada a Jehová. Es un sacrificio de expiación.

6 Todo varón de entre los sacerdotes la comerá. Será comida en lugar santo: es cosa muy santa.

7 Como el sacrificio por el pecado, así es el sacrificio por la culpa: una misma ley tendrán. Será del sacerdote que haga la expiación con ella.

8 El sacerdote que ofrezca el holocausto de alguien, se quedará con la piel del holocausto que ofreció.

9 Asimismo toda ofrenda cocida al horno y toda la preparada en sartén o cazuela, será del sacerdote que la ofrece.

10 Pero toda ofrenda amasada con aceite, o seca, será, por igual, para todos los hijos de Aarón.

11 Esta es la ley del sacrificio de paz que se ofrecerá a Jehová:

12 Si se ofrece en acción de gracias, se ofrecerá, además del sacrificio de acción de gracias, tortas sin levadura amasadas con aceite, hojaldres sin levadura untadas con aceite, y flor de harina frita en tortas amasadas con aceite.

13 Con tortas de pan leudado presentará su ofrenda en el sacrificio de acción de gracias y de paz.

14 De toda la ofrenda se tomará una parte como ofrenda reservada a Jehová, la cual será del sacerdote que haya rociado la sangre de los sacrificios de paz.

15 La carne del sacrificio de paz en acción de gracias se comerá el mismo día en que sea ofrecida; no dejarán de ella nada para el día siguiente.

16 Pero si el sacrificio de la ofrenda es debido a un voto o es una ofrenda voluntaria, será comido el mismo día en que se ofrezca el sacrificio, y lo que de él quede lo comerán al día siguiente.

17 Pero lo que quede de la carne del sacrificio será quemado el tercer día en el fuego.

18 Si se come de la carne del sacrificio de paz al tercer día, el que lo ofrezca no será aceptado ni su ofrenda será tenida en cuenta: abominación será, y la persona que de él coma cargará con su pecado.

19 La carne que toque alguna cosa inmunda no se comerá; al fuego será quemada. «Toda persona limpia podrá comer la carne.

20 La persona que, estando impura, coma la carne del sacrificio de paz, el cual es de Jehová, será eliminada de su pueblo.

21 Además, la persona que toque alguna cosa inmunda, ya sea inmundicia de hombre, o animal inmundo o cualquier abominación inmunda, y coma la carne del sacrificio de paz, el cual es de Jehová, esa persona será eliminada de su pueblo».

22 Habló Jehová a Moisés y le dijo:

23 Di a los hijos de Israel: Ninguna grasa de buey ni de cordero ni de cabra comeréis.

24 La grasa de un animal muerto, y la grasa del que fue despedazado por fieras, se dispondrá para cualquier otro uso, pero no la comeréis.

25 Cualquiera que coma grasa de animal del que se ofrece a Jehová ofrenda quemada, la persona que la coma será eliminada de su pueblo.

26 Además, no comeréis nada de sangre en ningún lugar donde habitéis, ni de aves ni de bestias.

27 La persona que coma cualquier clase de sangre, será eliminada de su pueblo».

28 Habló más Jehová a Moisés y le dijo:

29 Di a los hijos de Israel: El que ofrezca un sacrificio de paz a Jehová, llevará la ofrenda del sacrificio de paz ante Jehová.

30 Con sus manos presentará las ofrendas que se han de quemar ante Jehová; ofrecerá la grasa con el pecho; el pecho para que sea mecido como sacrificio mecido delante de Jehová.

31 El sacerdote hará arder la grasa sobre el altar, pero el pecho será para Aarón y sus hijos.

32 Al sacerdote daréis, como ofrenda reservada, la pierna derecha de vuestros sacrificios de paz.

33 Aquel de los hijos de Aarón que ofrezca la sangre de los sacrificios de paz, y la grasa, recibirá la pierna derecha como su porción.

34 Yo he tomado de los sacrificios de paz de los hijos de Israel el pecho que se mece y la pierna reservada como ofrenda, y se los he dado a Aarón, el sacerdote, y a sus hijos. Este es un estatuto perpetuo para los hijos de Israel».

35 Esta es la porción de Aarón y la porción de sus hijos, de las ofrendas que se queman a Jehová, desde el día en que él los consagró para ser sacerdotes de Jehová;

36 esto mandó Jehová que los hijos de Israel les dieran, como estatuto perpetuo para sus generaciones, desde el día que él los ungió.

37 Esta es la ley del holocausto, de la ofrenda, del sacrificio por el pecado, del sacrificio por la culpa, de las consagraciones y del sacrificio de paz,

38 que Jehová dio a Moisés en el monte Sinaí, el día en que mandó a los hijos de Israel que presentaran sus ofrendas a Jehová en el desierto de Sinaí.

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente

Estudio y Comentario Bíblico de Levítico 7

Lo que realmente significa la santidad en los sacrificios

Cuando leemos Levítico 7, encontramos que la santidad no es algo superficial o solo para mostrar. Más bien, es un llamado profundo a conectar con Dios desde un lugar auténtico, desde el corazón. Los sacrificios no eran solo actos para cumplir una norma; eran la manera en que la gente reconocía su propia fragilidad y su necesidad de volver a estar en paz con el Creador. Al ofrecer lo mejor —la grasa, la sangre, esas partes especiales del animal— se estaba diciendo, en esencia, que solo lo que es puro y completo puede acercarse a Dios. Eso nos hace pensar en nuestra propia vida espiritual: lo que damos, lo que ofrecemos, debe salir de lo más genuino de nosotros, sin medias tintas ni formalidades vacías.

Cómo el sacrificio conecta a toda la comunidad

Lo que me parece especialmente bonito de este capítulo es cómo no se trata solo de una relación individual con Dios, sino de algo que involucra a todos. Los sacerdotes recibían su parte de las ofrendas porque eran los encargados de cuidar al pueblo y representarlo ante Dios. Es como si nos dijera que la fe no es un camino solitario, sino que tiene que ver con acompañarnos, con sostenernos mutuamente. La santidad, entonces, también implica responsabilidad hacia los demás, compartir y cuidar.

Además, la manera en que se habla de la pureza —de evitar la irreverencia y la impureza— nos recuerda que la relación con Dios toca cada rincón de nuestra vida. No hay separación entre lo espiritual y lo cotidiano; todo se transforma cuando buscamos esa comunión verdadera, y eso nos invita a vivir con respeto y cuidado, no solo frente a Dios, sino también en comunidad.

Justicia y misericordia: el equilibrio en la expiación

Lo que encuentro fascinante en el sacrificio por la culpa y el sacrificio de paz es cómo muestran ese balance tan humano y divino a la vez: Dios no ignora cuando fallamos, pero tampoco se queda en el castigo. Hay un camino para sanar, para restaurar lo que se rompió. La sangre y la grasa que se ofrecen no son solo rituales; son símbolos de lo serio que es el error, pero también de la oportunidad real de reconciliación. Esa mezcla entre justicia y misericordia es en realidad un reflejo de cómo debería ser nuestra propia vida: reconocer el daño, asumirlo, pero también abrirnos al perdón y al cambio.

Vivir con respeto y pureza, más allá de las reglas

Las indicaciones sobre no comer grasa o sangre pueden parecer estrictas, pero en el fondo nos están hablando de algo mucho más grande: la integridad. No es solo cumplir con una lista de prohibiciones; es entender que cada acción tiene un eco espiritual. Cuando rompemos esas reglas, no solo estamos haciendo algo físico, sino que nos alejamos de esa santidad que Dios quiere para nosotros. Por eso, este capítulo nos invita a vivir con atención, con conciencia, cuidando lo que aceptamos y lo que ofrecemos, porque en realidad, nuestra vida entera es como una ofrenda que damos a Dios.

Testimonios de nuestros lectores:

Deja un comentario