Portada » Levítico 14

Levítico 14

📖 Estos anuncios nos ayudan a seguir creando contenido gratuito. Si quieres apoyar nuestro proyecto y ocultar los anuncios para siempre, toca aquí para hacerte miembro.
Escucha el capítulo bíblico: 🔊
Escucha el capítulo completo: 🔊

Volver al libro Levítico

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente
Lee el Capítulo 14 de Levítico y pulsa sobre cada versículo para ver su explicación.

Lectura y Explicación del Capítulo 14 de Levítico:

1 Habló Jehová a Moisés y le dijo:

2 Esta será la ley para el leproso cuando se limpie: Será presentado al sacerdote,

3 el cual saldrá fuera del campamento y lo examinará. Si ve que está sana la llaga de la lepra del leproso,

4 el sacerdote mandará traer para el que se purifica dos avecillas vivas, limpias, y madera de cedro, grana e hisopo.

5 Luego el sacerdote mandará matar una avecilla en un vaso de barro sobre aguas corrientes.

6 Después tomará la avecilla viva, el cedro, la grana y el hisopo, y los mojará con la avecilla viva en la sangre de la avecilla muerta sobre las aguas corrientes.

7 Rociará siete veces sobre el que se purifica de la lepra y, tras declararlo limpio, soltará la avecilla viva en el campo.

8 El que se purifica lavará sus vestidos, afeitará todo su pelo y se lavará con agua, y quedará limpio. Después entrará en el campamento, pero permanecerá fuera de su tienda siete días.

9 Al séptimo día se afeitará todo el pelo de su cabeza, la barba, las cejas de sus ojos, o sea, todo su pelo; lavará sus vestidos y bañará su cuerpo en agua, y quedará limpio.

10 El día octavo tomará dos corderos sin defecto, una cordera de un año sin tacha, tres décimas de efa de flor de harina para ofrenda amasada con aceite, y un log de aceite.

11 Y el sacerdote que lo purifica presentará delante de Jehová al que se ha de limpiar con aquellas cosas a la puerta del Tabernáculo de reunión.

12 El sacerdote tomará un cordero y lo ofrecerá por la culpa, con el log de aceite, y lo mecerá como ofrenda mecida delante de Jehová.

13 Degollará el cordero en el lugar donde se deguella el sacrificio por el pecado y el holocausto, en el lugar del santuario, pues como la víctima por el pecado, así también la víctima por la culpa pertenece al sacerdote: es cosa muy sagrada.

14 Después el sacerdote tomará de la sangre de la víctima por la culpa, la pondrá sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho.

15 Asimismo el sacerdote tomará del log de aceite, lo echará sobre la palma de su mano izquierda,

16 mojará su dedo derecho en el aceite que tiene en su mano izquierda, y esparcirá del aceite con su dedo siete veces delante de Jehová.

17 Y de lo que quede del aceite que tiene en su mano, pondrá el sacerdote sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho, encima de la sangre del sacrificio por la culpa.

18 Lo que quede del aceite que tiene en su mano, lo pondrá sobre la cabeza del que se purifica. Así hará el sacerdote expiación por él delante de Jehová.

19 Ofrecerá luego el sacerdote el sacrificio por el pecado y hará expiación por el que se ha de purificar de su inmundicia; después degollará el holocausto

20 y hará subir el holocausto y la ofrenda sobre el altar. Así hará el sacerdote expiación por él, y quedará limpio.

21 Pero si es pobre, y no tiene para tanto, entonces tomará un cordero para ser ofrecido como ofrenda mecida por la culpa, para reconciliarse, y una décima de efa de flor de harina amasada con aceite para la ofrenda, un log de aceite

22 y dos tórtolas o dos palominos, según pueda; uno será para la expiación por el pecado y el otro para el holocausto.

23 Al octavo día de su purificación traerá estas cosas al sacerdote, a la puerta del Tabernáculo de reunión, delante de Jehová.

24 El sacerdote tomará el cordero de la expiación por la culpa y el log de aceite, y los mecerá como ofrenda mecida delante de Jehová.

25 Luego degollará el cordero de la culpa, y el sacerdote tomará de la sangre de la víctima y la pondrá sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho.

26 Y el sacerdote echará del aceite sobre la palma de su mano izquierda,

27 y con su dedo derecho rociará del aceite que tiene en su mano izquierda, siete veces delante de Jehová.

28 También el sacerdote pondrá del aceite que tiene en su mano sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho, en el lugar donde puso la sangre de la víctima.

29 Y lo que sobre del aceite que el sacerdote tiene en su mano, lo pondrá sobre la cabeza del que se purifica, para reconciliarlo delante de Jehová.

30 Asimismo ofrecerá una de las tórtolas o uno de los palominos, según lo que pueda;

31 uno como sacrificio de expiación por el pecado y el otro como holocausto, además de la ofrenda. Así hará el sacerdote expiación por el que se ha de purificar, delante de Jehová».

32 Esta es la ley para el que haya tenido llaga de lepra, y no tenga más para su purificación.

33 Habló también Jehová a Moisés y a Aarón, y les dijo:

34 Cuando hayáis entrado en la tierra de Canaán, la cual yo os doy en posesión, si yo mando una plaga de lepra sobre alguna casa de la tierra de vuestra posesión,

35 aquel a quien pertenezca la casa irá a dar aviso al sacerdote, y le dirá: «Algo como plaga ha aparecido en mi casa».

36 Entonces el sacerdote mandará desocupar la casa antes de entrar a examinar la plaga, para que no sea contaminado todo lo que esté en la casa. Después el sacerdote entrará a examinarla.

37 Examinará la plaga, y si se ven manchas en las paredes de la casa, manchas verdosas o rojizas, las cuales son más profundas que la superficie de la pared,

38 el sacerdote saldrá a la puerta de la casa y cerrará la casa por siete días.

39 Al séptimo día volverá el sacerdote y la examinará; si la plaga se ha extendido en las paredes de la casa,

40 entonces el sacerdote mandará arrancar las piedras en que esté la plaga, y las echarán en un lugar inmundo fuera de la ciudad.

41 Después hará raspar todo el interior de la casa, y echarán fuera de la ciudad, en lugar inmundo, el barro que raspen.

42 Entonces tomarán otras piedras y las pondrán en lugar de las piedras quitadas, y tomarán otro barro y recubrirán la casa.

43 Si la plaga vuelve a brotar en aquella casa después que hizo arrancar las piedras y raspar la casa, y después que fue recubierta,

44 entonces el sacerdote entrará y la examinará; y si parece haberse extendido la plaga en la casa, se trata de lepra maligna en la casa, y esta es inmunda.

45 Derribará, por tanto, la tal casa, sus piedras, sus maderos y toda la mezcla de la casa, y sacarán todo a un lugar inmundo fuera de la ciudad.

46 Cualquiera que entre en aquella casa durante los días en que la mandó cerrar, quedará impuro hasta la noche.

47 El que duerma en aquella casa lavará sus vestidos; también el que coma en la casa lavará sus vestidos.

48 Pero si entra el sacerdote y la examina, y ve que la plaga no se ha extendido en la casa después que fue recubierta, el sacerdote declarará limpia la casa, porque la plaga ha desaparecido.

49 Entonces tomará para limpiar la casa dos avecillas, y madera de cedro, grana e hisopo;

50 degollará una avecilla en una vasija de barro sobre aguas corrientes.

51 Tomará el cedro, el hisopo, la grana y la avecilla viva, los mojará en la sangre de la avecilla muerta y en las aguas corrientes, y rociará la casa siete veces.

52 Así purificará la casa con la sangre de la avecilla, con las aguas corrientes, con la avecilla viva, la madera de cedro, el hisopo y la grana.

53 Luego soltará la avecilla viva fuera de la ciudad, sobre la faz del campo. Así hará expiación por la casa, y quedará limpia».

54 Esta es la ley acerca de toda plaga de lepra y de tiña,

55 de la lepra del vestido y de la casa,

56 y acerca de la hinchazón, de la erupción y de la mancha blanca,

57 para enseñar cuándo se es impuro y cuándo limpio. Esta es la ley tocante a la lepra.

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente

Estudio y Comentario Bíblico de Levítico 14

La Purificación como Camino hacia la Restauración Integral

Cuando leemos Levítico 14, a simple vista parece un texto lleno de instrucciones y rituales para purificar a alguien con lepra. Pero si nos detenemos un momento, descubrimos que es mucho más que eso. No se trata solo de sanar una enfermedad en la piel, sino de un proceso que busca restaurar a la persona en todas sus dimensiones: cuerpo, alma y comunidad. Porque en aquel entonces, la lepra no era solo un problema médico, era una señal de aislamiento, de estar al margen, incluso de perder el contacto con Dios.

Por eso, la purificación va más allá de lo visible. Es una invitación a volver a la vida plena, a recuperar la dignidad y la pertenencia. Dios no quiere que nos quedemos atrapados en lo que nos separa, sino que anhela restaurar lo que se ha roto, ya sea por enfermedad o por el peso del pecado. Es un recordatorio profundo de que la sanidad que Dios ofrece toca todo nuestro ser, no solo una parte.

La participación del sacerdote y la simbolización en los rituales

El sacerdote no es un simple funcionario que cumple un trámite. Es el puente entre la persona que sufre y Dios mismo. Cada gesto que realiza —la inspección, el uso del aceite, la sangre, la liberación del ave— está cargado de significado. La sangre nos habla de vida y perdón; el aceite de la presencia viva del Espíritu que renueva; y el ave que vuela libre, de esperanza y nueva oportunidad.

Es fascinante cómo este ritual nos invita a entender que la verdadera purificación no es solo externa, sino que nace de un encuentro real con Dios. No basta con limpiar la piel o cambiar la ropa; la transformación debe llegar hasta lo profundo, hasta el corazón y las relaciones con los demás. Y ese camino pasa por aceptar la gracia que sana y dignifica.

También vemos una progresión muy humana en todo esto: primero se limpia lo que está a la vista, pero luego viene la renovación interna, y finalmente, la reintegración social. Porque sanar significa volver a estar en comunidad, ser parte de un todo que nos sostiene.

La purificación de la casa: un símbolo de santidad en el entorno cotidiano

No solo el cuerpo necesita cuidado; la casa también. La lepra que aparece en las paredes es una imagen que nos habla de cómo lo que no atendemos puede irse metiendo en lo que nos rodea, en nuestra vida diaria, en nuestras relaciones más cercanas. Que el sacerdote examine y, si es necesario, derribe la casa, nos muestra la seriedad con la que hay que tratar esos problemas.

Este detalle me hace pensar en cómo muchas veces dejamos que las tensiones, los rencores o las malas influencias invadan nuestra casa y nuestra vida sin ponerles atención. La purificación aquí no es un acto rápido ni superficial; es un proceso que demanda paciencia, cuidado y compromiso. Nos invita a renovar constantemente ese espacio donde vivimos y amamos, para que sea un lugar de santidad y no de contaminación.

El mensaje de esperanza en medio de la exclusión y el sufrimiento

Después de todo, lo que más me conmueve de Levítico 14 es la esperanza que ofrece. Incluso cuando alguien ha sido excluido, apartado, marcado por la enfermedad o el pecado, siempre hay un camino de regreso. Dios no cierra las puertas; más bien, nos muestra que la restauración es posible, que la impureza no tiene la última palabra.

Testimonios de nuestros lectores:

Deja un comentario