Portada » Jeremías 26

Jeremías 26

📖 Estos anuncios nos ayudan a seguir creando contenido gratuito. Si quieres apoyar nuestro proyecto y ocultar los anuncios para siempre, toca aquí para hacerte miembro.
Escucha el capítulo bíblico: 🔊
Escucha el capítulo completo: 🔊

Volver al libro Jeremías

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente
Lee el Capítulo 26 de Jeremías y pulsa sobre cada versículo para ver su explicación.

Lectura y Explicación del Capítulo 26 de Jeremías:

1 En el principio del reinado de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, vino esta palabra de Jehová, diciendo:

2 Así ha dicho Jehová: Ponte en el atrio de la casa de Jehová, y habla a todos los que vienen de las ciudades de Judá para adorar en la casa de Jehová, todas las palabras que yo te mandé hablarles. No retengas palabra.

3 Quizá escuchen y se vuelva cada uno de su mal camino; entonces me arrepentiré yo del mal que pienso hacerles por la maldad de sus obras.

4 Les dirás, pues: «Así ha dicho Jehová: Si no me obedecéis para andar en mi Ley, la cual puse ante vosotros,

5 y para atender a las palabras de mis siervos los profetas, que yo os he enviado desde el principio y sin cesar, a los cuales no habéis escuchado,

6 yo trataré a esta casa como a Silo, y a esta ciudad la pondré por maldición ante todas las naciones de la tierra»».

7 Los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo oyeron a Jeremías hablar estas palabras en la casa de Jehová.

8 Y cuando terminó de hablar Jeremías todo lo que Jehová le había mandado que hablara a todo el pueblo, los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo le echaron mano, diciendo: «¡De cierto morirás!

9 ¿Por qué has profetizado en nombre de Jehová, diciendo: «Esta Casa será como Silo y esta ciudad quedará asolada y sin habitantes»?» Y todo el pueblo se reunió contra Jeremías en la casa de Jehová.

10 Los príncipes de Judá, al oír estas cosas, subieron de la casa del rey a la casa de Jehová y se sentaron a la entrada de la puerta nueva de la casa de Jehová.

11 Entonces los sacerdotes y los profetas hablaron a los príncipes y a todo el pueblo, diciendo: «¡Este hombre ha incurrido en pena de muerte, porque ha profetizado contra esta ciudad, como vosotros habéis oído con vuestros propios oídos!

12 Y habló Jeremías a todos los príncipes y a todo el pueblo, diciendo: «Jehová me envió a profetizar contra esta Casa y contra esta ciudad todas las palabras que habéis oído.

13 Mejorad ahora vuestros caminos y vuestras obras, y escuchad la voz de Jehová, vuestro Dios; y se arrepentirá Jehová del mal que ha hablado contra vosotros.

14 En lo que a mí toca, he aquí estoy en vuestras manos; haced de mí como mejor y más recto os parezca.

15 Pero sabed de cierto que si me matáis, sangre inocente echaréis sobre vosotros, sobre esta ciudad y sobre sus habitantes, porque fue en verdad Jehová quien me envió a vosotros para que dijera todas estas palabras en vuestros oídos».

16 Dijeron los príncipes y todo el pueblo a los sacerdotes y profetas: «No ha incurrido este hombre en pena de muerte, porque en el nombre de Jehová, nuestro Dios, nos ha hablado».

17 Entonces se levantaron algunos de los ancianos del país y hablaron a todo el pueblo congregado, diciendo:

18 Miqueas de Moreset profetizó en tiempo de Ezequías, rey de Judá, y habló a todo el pueblo de Judá, diciendo: «»Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Sión será arada como un campo, Jerusalén vendrá a ser montones de ruinas y el monte de la Casase llenará de maleza».

19 ¿Acaso lo mataron Ezequías, rey de Judá, y todo Judá? ¿No temió a Jehová y oró en presencia de Jehová, y Jehová se arrepintió del mal que había hablado contra ellos? ¿Haremos, pues, nosotros un mal tan grande contra nosotros mismos?

20 Hubo también un hombre que profetizaba en nombre de Jehová: Urías hijo de Semaías, de Quiriat-jearim, el cual profetizó contra esta ciudad y contra esta tierra, conforme a todas las palabras de Jeremías.

21 Oyeron sus palabras el rey Joacim, todos sus grandes y todos sus príncipes. Entonces el rey procuró matarlo; pero Urías, dándose cuenta de esto, tuvo temor y huyó a Egipto.

22 El rey Joacim envió hombres a Egipto: a Elnatán hijo de Acbor, y a otros hombres con él.

23 Estos sacaron de Egipto a Urías y lo llevaron al rey Joacim, el cual lo mató a espada y arrojó su cuerpo a una fosa común.

24 Pero la mano de Ahicam hijo de Safán estaba a favor de Jeremías, para evitar que lo entregaran en las manos del pueblo para matarlo.

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente

Estudio y Comentario Bíblico de Jeremías 26:

https://www.youtube.com/watch?v=xsdSfSjiOm8

La valentía de la verdad en medio de la resistencia

Cuando pienso en Jeremías 26, me imagino a alguien que no se anda con rodeos. No es el tipo de persona que busca aplausos o que se preocupa por caer bien. Más bien, es un hombre que, con todo el peso de lo que le toca decir, enfrenta el rechazo porque sabe que su mensaje es necesario, aunque duela. A veces, la verdad tiene ese efecto: incomoda, molesta y hasta provoca rechazo. Pero Jeremías no se detiene ante eso. Simplemente cumple con lo que siente que debe hacer, porque sabe que esa verdad tiene un propósito: abrir los ojos del pueblo para que puedan cambiar y sanar.

El llamado a la conversión y la esperanza en el arrepentimiento

Lo que Jeremías nos trae es, en esencia, una invitación a dar un paso atrás y mirar hacia adentro. A dejar esos caminos que nos destruyen y volver a lo que realmente importa: la relación con Dios y con nosotros mismos. Es curioso cómo, aunque el mensaje sea claro y lleno de esperanza, no siempre es fácil aceptarlo. Porque cambiar duele, y aceptar que uno se ha equivocado puede ser aterrador.

La historia nos muestra que, muchas veces, la gente prefiere cerrar los oídos o incluso atacar a quien les trae ese mensaje incómodo. Pero hay algo en la confianza profunda —esa que nace de saber que no estamos solos— que sostiene y fortalece a quienes se animan a hablar con valentía. Es en ese lugar donde descubrimos que el arrepentimiento no es un castigo, sino una puerta abierta para empezar de nuevo, para sanar y crecer.

La justicia divina y la responsabilidad humana

Lo que más me impacta de este capítulo es cómo nos recuerda que, aunque Dios sea justo, no es un juez distante que simplemente castiga. La justicia que Él propone está entrelazada con nuestra responsabilidad. No somos pasajeros en la vida, sino protagonistas de nuestras decisiones. Cuando ignoramos o rechazamos lo que Dios nos dice, no solo nos hacemos daño a nosotros mismos, sino que también afectamos a quienes nos rodean, a toda la comunidad.

Eso me hace pensar en esos momentos en los que uno piensa que lo que hacemos solo nos afecta a nosotros, pero la verdad es que cada acción tiene un eco más grande. Vivir con esa conciencia, aunque a veces pese, es también una forma de humildad. Nos invita a ser más cuidadosos, más atentos, y a entender que Dios nos llama a ser parte activa de ese cambio que el mundo necesita, con nuestras palabras, nuestras acciones y, sobre todo, con el corazón abierto.

Testimonios de nuestros lectores:

Deja un comentario