Portada » Jeremías 25

Jeremías 25

📖 Estos anuncios nos ayudan a seguir creando contenido gratuito. Si quieres apoyar nuestro proyecto y ocultar los anuncios para siempre, toca aquí para hacerte miembro.
Escucha el capítulo bíblico: 🔊
Escucha el capítulo completo: 🔊

Volver al libro Jeremías

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente
Lee el Capítulo 25 de Jeremías y pulsa sobre cada versículo para ver su explicación.

Lectura y Explicación del Capítulo 25 de Jeremías:

1 Palabra que vino a Jeremías acerca de todo el pueblo de Judá en el año cuarto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, el cual era el año primero de Nabucodonosor, rey de Babilonia;

2 la cual habló el profeta Jeremías a todo el pueblo de Judá y a todos los habitantes de Jerusalén, diciendo:

3 Desde el año trece de Josías hijo de Amón, rey de Judá, hasta este día, que son veintitrés años, ha venido a mí palabra de Jehová, y he hablado desde el principio y sin cesar, pero no escuchasteis.

4 Y envió Jehová a vosotros a todos sus siervos los profetas. Los envió desde el principio y sin cesar; pero no escuchasteis ni inclinasteis vuestro oído para escuchar

5 cuando decían: «Volveos ahora de vuestro mal camino y de la maldad de vuestras obras, y habitaréis en la tierra que os dio Jehová a vosotros y a vuestros padres para siempre.

6 Pero no vayáis en pos de dioses ajenos, sirviéndolos y adorándolos, ni me provoquéis a ira con la obra de vuestras manos, y no os haré mal».

7 Pero no me habéis escuchado, dice Jehová, sino que me habéis provocado a ira con la obra de vuestras manos para vuestro propio mal.

8 Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos: Por cuanto no habéis escuchado mis palabras,

9 yo enviaré y tomaré a todas las tribus del norte, dice Jehová, y a Nabucodonosor, rey de Babilonia, mi siervo, y los traeré contra esta tierra y contra sus habitantes, y contra todas estas naciones en derredor. Los destruiré, y los pondré por espanto, por burla y desolación perpetua.

10 Haré que desaparezca de entre ellos la voz del gozo y la voz de la alegría, la voz del novio y la voz de la novia, el ruido del molino y la luz de la lámpara.

11 Toda esta tierra será convertida en ruinas y en espanto; y servirán estas naciones al rey de Babilonia durante setenta años.

12 Y cuando se hayan cumplido los setenta años, dice Jehová, castigaré al rey de Babilonia y a aquella nación, por su maldad, y a la tierra de los caldeos; y la convertiré en desolación perpetua.

13 Traeré sobre aquella tierra todas mis palabras que he hablado contra ella, con todo lo que está escrito en este libro, profetizado por Jeremías contra todas las naciones.

14 Porque también ellas estarán sometidas a muchas naciones y a grandes reyes; y yo les pagaré conforme a sus hechos y conforme a la obra de sus manos».

15 Así me dijo Jehová, Dios de Israel: «Toma de mi mano la copa del vino de este furor, y haz que beban de ella todas las naciones a las cuales yo te envío.

16 Beberán, y temblarán y enloquecerán a causa de la espada que yo envío entre ellas».

17 Yo tomé la copa de la mano de Jehová, y di de beber a todas las naciones a las cuales me envió Jehová:

18 a Jerusalén, a las ciudades de Judá, a sus reyes y a sus príncipes, para convertirlos en ruinas, en espanto, en burla y en maldición, como hasta hoy;

19 al faraón, rey de Egipto, a sus servidores, a sus príncipes y a todo su pueblo;

20 y a todo el conjunto de naciones, a todos los reyes de tierra de Uz y a todos los reyes de la tierra de Filistea: de Ascalón, Gaza, Ecrón y el resto de Asdod;

21 de Edom, Moab y los hijos de Amón;

22 a todos los reyes de Tiro, a todos los reyes de Sidón, a los reyes de las costas que están de ese lado del mar:

23 Dedán, Tema y Buz, y todos los que se rapan las sienes;

24 a todos los reyes de Arabia, a todos los reyes del conjunto de pueblos que habitan en el desierto;

25 a todos los reyes de Zimri, a todos los reyes de Elam, a todos los reyes de Media;

26 a todos los reyes del norte, los de cerca y los de lejos, a los unos y a los otros, y a todos los reinos del mundo que están sobre la faz de la tierra. Y el rey de Babilonia beberá después de ellos.

27 Les dirás, pues: «Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: ¡Bebed, embriagaos y vomitad; caed y no os levantéis, a causa de la espada que yo envío entre vosotros!

28 Y si no quieren tomar la copa de tu mano para beber, tú les dirás: «Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Tenéis que beberla,

29 porque yo comienzo a causarle mal a la ciudad en la cual es invocado mi nombre, ¿y vosotros seréis absueltos? ¡No seréis absueltos, porque espada traigo sobre todos los habitantes de la tierra!», dice Jehová de los ejércitos.

30 Tú, pues, profetizarás contra ellos todas estas palabras. Les dirás: «»Jehová ruge desde lo alto, y desde su morada santa da su voz; ruge fuertemente contra su redil; canción de lagareros canta contra todos los moradores de la tierra.

31 Llega el estruendo hasta el fin de la tierra, porque Jehová está en pleito contra las naciones; él es el Juez de todo mortal y entregará a los impíos a la espada, dice Jehová»».

32 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: «Ciertamente el mal irá de nación en nación, y una gran tempestad se levantará desde los extremos de la tierra».

33 Yacerán los muertos de Jehová en aquel día desde un extremo de la tierra hasta el otro; no se hará lamentación, ni se recogerán ni serán enterrados, sino que como estiércol quedarán sobre la faz de la tierra.

34 ¡Aullad, pastores! ¡Gritad! ¡Revolcaos en el polvo, mayorales del rebaño!, porque se han cumplido vuestros días para que seáis degollados y esparcidos. Caeréis como vaso precioso.

35 Se acabará el asilo para los pastores, y no escaparán los mayorales del rebaño.

36 ¡Voz de la gritería de los pastores, y aullido de los mayorales del rebaño!, porque Jehová asoló sus pastizales.

37 Los pastos delicados serán destruidos por el ardor de la ira de Jehová.

38 Dejó cual leoncillo su guarida, pues asolada fue la tierra de ellos por la ira del opresor, por el furor de su ira.

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente

Estudio y Comentario Bíblico de Jeremías 25:

https://www.youtube.com/watch?v=PHOJtlEJL7w

Cuando Dios no deja de llamar, aunque no queramos escuchar

En Jeremías 25 vemos a un Dios que, con paciencia casi increíble, no se rinde con su pueblo. Durante más de dos décadas, envió profetas una y otra vez para advertir a Judá: “Cambien, vuelvan a mí”. Pero la verdad es que nadie quería escuchar. Es fácil perderse en esa historia y pensar que eso solo le pasó a ellos, pero la realidad es que muchas veces nosotros hacemos lo mismo sin darnos cuenta. Ignoramos esas pequeñas señales o esa voz interior que nos quiere guiar, ya sea por orgullo, por miedo o simplemente porque nos aferramos a lo conocido, aunque nos esté haciendo daño. A veces, parece que Dios nos da tiempo, pero en realidad esa paciencia tiene un límite, y cuando seguimos alejándonos, la consecuencia se vuelve inevitable.

Un Dios que ama, pero que también sabe poner límites

Lo bonito y a la vez duro de este capítulo es entender que Dios no es solo amor incondicional sin medida. Es misericordioso, sí, pero también justo. Cuando el pueblo se cierra y no responde, la justicia divina se manifiesta a través de acciones concretas, como el juicio que llega por medio de Nabucodonosor y otras naciones. No es que Dios quiera castigar por castigar, ni que sea caprichoso. Más bien, es como un padre que, después de advertir y llamar la atención muchas veces, tiene que tomar decisiones difíciles para que sus hijos aprendan. Esa justicia no es un castigo sin sentido, sino una manera de corregir el rumbo y abrir un camino hacia la sanación, aunque duela.

Lo curioso es que Dios no pierde el control ni siquiera cuando usa a otros para cumplir su propósito. Ningún poder humano se escapa de su mirada soberana. Eso nos ayuda a entender que, aunque a veces la vida parezca injusta y caótica, hay un orden profundo que busca restaurar y redimir.

Más allá de Judá: un llamado para todos y una esperanza que no se apaga

Jeremías no solo habla para su tiempo ni para un solo pueblo; su mensaje es para todas las naciones y para nosotros hoy. Nos recuerda que Dios es el juez de todo lo creado, no solo de algunos elegidos. Y aunque anuncia un juicio serio, también deja entrever que ese tiempo difícil no es para siempre. Los setenta años de exilio en Babilonia son como un paréntesis doloroso, pero necesario, para que el pueblo pueda regresar con humildad y renovado en el corazón.

Es como cuando alguien que amas se aleja y, después de un tiempo de silencio y reflexión, vuelve con ganas de sanar y cambiar. Esa es la verdadera esperanza que nos deja el mensaje de Jeremías: que incluso en la disciplina, Dios está buscando restaurarnos y darnos otra oportunidad para empezar de nuevo.

Testimonios de nuestros lectores:

Deja un comentario