Lectura y Explicación del Capítulo 68 de Salmos:
1 Levántese Dios,sean esparcidos sus enemigos y huyan de su presencialos que lo aborrecen.
3 Mas los justos se alegrarán; se gozarán delante de Dios y saltarán de alegría.
5 Padre de huérfanos y defensor de viudas es Dios en su santa morada.
7 Cuando tú, Dios, saliste delante de tu pueblo, cuando anduviste por el desierto, Selah
9 Abundante lluvia esparciste, oh Dios; a tu heredad exhausta tú la reanimaste.
10 Los que son de tu grey han morado en ella; por tu bondad, Dios, has provisto para el pobre.
11 El Señor daba la palabra, multitud de mujeres anunciaba las buenas nuevas:
14 Cuando esparció el Omnipotente los reyes allí, fue como si hubiera nevado en el monte Salmón.
15 Muy altos son los montes de Basán, altas son sus cimas.
19 ¡Bendito sea el Señor! ¡Cada día nos colma de beneficios el Dios de nuestra salvación! Selah
20 Dios, nuestro Dios, ha de salvarnos; de Jehová el Señores el librar de la muerte.
21 Ciertamente Dios herirá la cabeza de sus enemigos, la testa cabelluda del que camina en sus pecados.
22 El Señor dijo: «De Basán te haré volver; te haré volver de las profundidades del mar,
23 porque tu pie se enrojecerácon la sangre de tus enemigos, y con ella la lengua de tus perros».
24 ¡Vieron tus caminos, oh Dios; los caminos de mi Dios, de mi Rey, en el santuario!
25 Los cantores van delante, los músicos atrás; en medio, las doncellas con panderos.
26 ¡Bendecid a Dios en las congregaciones; al Señor, vosotros de la estirpe de Israel!
28 Tu Dios ha ordenado tu fuerza; confirma, Dios, lo que has hecho para nosotros.
29 Por causa de tu templo, en Jerusalén, los reyes te ofrecerán dones.
31 Vendrán príncipes de Egipto; Etiopía se apresurará a extender sus manos hacia Dios.
32 ¡Reinos de la tierra, cantad a Dios, cantad al Señor, Selah
34 Atribuid el poder a Dios; sobre Israel es su magnificencia y su poder está en los cielos.
Estudio y Comentario Bíblico de Salmos 68
Cuando Dios se hace presente: poder y justicia en acción
El Salmo 68 nos invita a ver a Dios no como una figura lejana y fría, sino como un Rey glorioso que se mueve en la historia con una fuerza real y justa. La imagen de Dios levantándose para dispersar a sus enemigos no es solo un símbolo de poder; es una promesa de que la injusticia no tiene la última palabra. En ese acto de intervención, Dios no busca imponerse por imponer, sino liberar a quienes sufren y proteger a los más vulnerables. Y eso, en medio de nuestras batallas diarias, nos da una esperanza que no se apaga fácil: hay un poder que cuida, que actúa y que está presente cuando más lo necesitamos.
La alegría que nace de sentirse protegido
Lo curioso es que, en este salmo, la presencia de Dios no solo trae seguridad, sino también una alegría profunda. Los justos no solo están tranquilos, sino que saltan de gozo delante de Él. Esto nos recuerda que el encuentro con Dios es algo vivo, lleno de esperanza y celebración. Nos lo pinta como un padre que cuida a los huérfanos y un defensor que no abandona a las viudas, mostrando un corazón que realmente se conmueve con el dolor y las carencias.
Pero no se queda ahí. Dios actúa, provee y transforma la realidad de quienes están atrapados en la dificultad. Es como si nos dijera: “No estás solo en esto, yo estoy aquí para reconstruir y restaurar”. Esa seguridad nos invita a confiar, a caminar con valentía, sabiendo que nuestra justicia no es solo un ideal, sino una realidad sostenida por Él, incluso cuando todo parece complicado.
Dios en la historia: su camino y su hogar entre nosotros
El salmista trae a la memoria momentos poderosos donde Dios se hizo sentir de manera clara: la salida de Egipto, el paso por el desierto. No fue algo que pasó desapercibido; la tierra misma pareció temblar ante su presencia. Eso nos muestra que Dios no es una idea abstracta ni un ser distante, sino alguien que se involucra con fuerza en nuestra realidad.
Pero lo que más llama la atención es que, después de esa demostración de poder, Dios decidió quedarse, estableciendo un lugar para habitar con su pueblo. No quiere ser solo un visitante ocasional, sino un compañero constante, un refugio al que siempre podemos volver. Es un recordatorio hermoso de que, aunque a veces nos sintamos perdidos o solos, hay un refugio donde su presencia permanece firme y cercana.
Un llamado abierto para todos
Al final, el Salmo 68 nos invita a todos, sin excepción, a reconocer y celebrar la soberanía de Dios. No es solo para unos cuantos, sino para todos los pueblos, reyes y naciones. Es como una gran invitación a inclinarse con alegría y respeto ante Aquel que da vida, fuerza y esperanza. Esta adoración no es solo un acto del pasado o del futuro, sino una experiencia que podemos vivir hoy, que nos impulsa a mirar más allá de nuestras circunstancias y a compartir esta buena noticia con quienes nos rodean.















