Portada » Marcos 13

Marcos 13

📖 Estos anuncios nos ayudan a seguir creando contenido gratuito. Si quieres apoyar nuestro proyecto y ocultar los anuncios para siempre, toca aquí para hacerte miembro.
Escucha el capítulo bíblico: 🔊
Escucha el capítulo completo: 🔊

Volver al libro Marcos

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente

Lee el Capítulo 13 de Marcos y pulsa sobre cada versículo para ver su explicación.

Lectura y Explicación del Capítulo 13 de Marcos:

1 Al salir Jesús del templo, le dijo uno de sus discípulos: –Maestro, ¡mira qué piedras y qué edificios!

2 Jesús, respondiendo, le dijo: –¿Ves estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra que no sea derribada.

3 Y se sentó en el Monte de los Olivos, frente al templo. Entonces Pedro, Jacobo, Juan y Andrés le preguntaron aparte:

4 –Dinos, ¿cuándo serán estas cosas? ¿Y qué señal habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse?

5 Jesús, respondiéndoles, comenzó a decir: –Mirad que nadie os engañe,

6 porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: «Yo soy el Cristo»; y engañarán a muchos.

7 Pero cuando oigáis de guerras y de rumores de guerras, no os turbéis, porque es necesario que así suceda; pero aún no es el fin,

8 pues se levantará nación contra nación y reino contra reino; y habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y alborotos; principios de dolores son estos.

9 Pero cuidad de vosotros mismos, porque os entregarán a los concilios, y en las sinagogas os azotarán; y delante de gobernadores y de reyes os llevarán por causa de mí, para testimonio a ellos.

10 Y es necesario que el evangelio sea predicado antes a todas las naciones.

11 Pero cuando os lleven para entregaros, no os preocupéis por lo que habéis de decir, ni lo penséis, sino lo que os sea dado en aquella hora, eso hablad, porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo.

12 El hermano entregará a la muerte al hermano, y el padre al hijo; y se levantarán los hijos contra los padres, y los matarán.

13 Y seréis odiados por todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, este será salvo.

14 Pero cuando veáis la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel, puesta donde no debe estar (el que lee, entienda), entonces los que estén en Judea huyan a los montes.

15 El que esté en la azotea, no descienda a la casa ni entre para tomar algo de su casa;

16 y el que esté en el campo, no vuelva atrás a tomar su capa.

17 ¡Ay de las que estén encinta y de las que críen en aquellos días!

18 Orad, pues, para que vuestra huida no sea en invierno,

19 porque aquellos días serán de tribulación cual nunca ha habido desde el principio de la creación que Dios hizo, hasta este tiempo, ni la habrá.

20 Y si el Señor no hubiera acortado aquellos días, nadie sería salvo; pero por causa de los escogidos que él eligió, acortó aquellos días.

21 Entonces, si alguno os dice: «Mirad, aquí está el Cristo» o «Mirad, allí está», no le creáis,

22 porque se levantarán falsos cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios para engañar, si fuera posible, aun a los escogidos.

23 Pero vosotros ¡tened cuidado! Os lo he dicho todo de antemano.

24 Pero en aquellos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá y la luna no dará su resplandor.

25 Las estrellas caerán del cielo y las potencias que están en los cielos serán conmovidas.

26 Entonces verán al Hijo del hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria.

27 Entonces enviará a sus ángeles y juntará a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

28 De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca.

29 Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas.

30 De cierto os digo que no pasará esta generación sin que todo esto acontezca.

31 El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.

32 Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre.

33 Mirad, velad y orad, porque no sabéis cuándo será el tiempo.

34 Es como el hombre que, yéndose lejos, dejó su casa, dio autoridad a sus siervos, a cada uno le dio un trabajo y al portero mandó que velara.

35 Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa; si al anochecer, a la medianoche, al canto del gallo o a la mañana;

36 para que cuando venga de repente, no os halle durmiendo.

37 Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: ¡Velad!

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente

Estudio y Comentario Bíblico de Marcos 13:

Cuando todo parece incierto, la transformación es una certeza

En Marcos 13, Jesús nos habla de momentos difíciles, de cambios que no solo afectan a quienes vivían en aquel tiempo, sino a toda la humanidad. Cuando dice que no quedará piedra sobre piedra en el templo, no está siendo fatalista, sino recordándonos algo que a veces olvidamos: nada de lo que construimos aquí es para siempre. Nuestras seguridades, por más firmes que parezcan, también tienen fecha de caducidad. Pero lo curioso es que este mensaje no viene a derrumbarnos, sino a abrirnos los ojos a una esperanza que no depende de lo que vemos, sino de algo mucho más profundo y duradero. Jesús nos invita a encontrar en Él esa roca que no se mueve, aunque el mundo a nuestro alrededor se tambalee.

La importancia de estar despiertos y en conversación constante

No se trata solo de reconocer las señales externas —guerras, desastres, persecuciones— sino de cómo respondemos cuando llegan. Jesús nos llama a mantenernos alerta, a no dejarnos engañar por falsas seguridades ni a perder la calma cuando todo parece caótico. Esa invitación a velar y orar puede parecer simple, pero en realidad es un desafío enorme: vivir con el corazón atento, confiando en que el Espíritu nos guiará en medio de la confusión.

Es como cuando estás en una tormenta, no puedes controlar el viento ni la lluvia, pero sí puedes mantener la mano firme en el timón. Así, aunque las dificultades no desaparezcan, no nos derrumbamos porque sabemos que hay una fuerza más grande sosteniéndonos.

Fidelidad: el camino que sostiene cuando todo se desmorona

Hay algo en este capítulo que me toca mucho: la perseverancia. No es solo cuestión de creer cuando todo va bien, sino de seguir aferrados a la fe cuando parece que todo está perdido. La fidelidad no es un acto heroico aislado, sino una fuerza que Dios va construyendo en nosotros, poquito a poquito, con la ayuda del Espíritu Santo. Cuando no sabemos qué decir o cómo seguir, Él nos acompaña y nos da las palabras, la fuerza, el aliento necesario para no rendirnos.

Es como caminar en la oscuridad con alguien que conoce cada rincón del camino, y que nos toma de la mano para que no nos perdamos.

Esperar con esperanza activa: más que paciencia, una responsabilidad

Jesús no nos da un calendario exacto para su regreso, y eso puede ser desconcertante. Pero lejos de dejarnos paralizados o indiferentes, nos invita a esperar con los ojos bien abiertos, como el portero que cuida su casa sin saber cuándo llegará su dueño. Esta espera no es pasiva ni resignada, sino llena de sentido y compromiso, un llamado a vivir cada día con responsabilidad, amor y servicio.

En medio de esa espera, crecemos, nos fortalecemos y damos lo mejor de nosotros, confiando en que la promesa de Jesús es real y se cumplirá con toda la fuerza y la gloria que necesitamos para seguir adelante.

Testimonios de nuestros lectores:

Deja un comentario