Lectura y Explicación del Capítulo 25 de Éxodo:
1 Jehová habló a Moisés y le dijo:
3 Esta es la ofrenda que aceptaréis de ellos: oro, plata, cobre,
4 azul, púrpura, carmesí, lino fino, pelo de cabras,
5 pieles de carneros teñidas de rojo, pieles de tejones, madera de acacia,
6 aceite para el alumbrado, especias para el aceite de la unción y para el incienso aromático,
7 piedras de ónice y piedras de engaste para el efod y para el pectoral.
8 Me erigirán un santuario, y habitaré en medio de ellos.
13 Harás unas varas de madera de acacia, las cuales cubrirás de oro.
14 Y meterás las varas por las argollas a los lados del Arca, para llevar el Arca con ellas.
15 Las varas quedarán en las argollas del Arca; no se quitarán de ella.
16 En el Arca pondrás el Testimonio que yo te daré.
21 Después pondrás el propiciatorio encima del Arca, y en el Arca pondrás el Testimonio que yo te daré.
24 La recubrirás de oro puro y le harás una cornisa de oro alrededor.
27 Las argollas estarán debajo de la moldura, y por ellas entrarán las varas para llevar la mesa.
28 Harás las varas de madera de acacia, las cubrirás de oro, y con ellas será llevada la mesa.
30 Y pondrás siempre sobre la mesa el pan de la proposición delante de mí.
32 Y saldrán seis brazos de sus lados: tres brazos del candelabro a un lado y tres brazos al otro lado.
36 Sus manzanas y sus brazos serán de una pieza, todo ello una pieza labrada a martillo, de oro puro.
37 Y le harás siete lámparas, las cuales encenderás para que alumbren hacia adelante.
38 También sus despabiladeras y sus platillos, de oro puro.
39 De un talento de oro fino lo harás, con todos estos utensilios.
40 Mira y hazlos conforme al modelo que te ha sido mostrado en el monte.
Estudio y Comentario Bíblico de Éxodo 25
El Santuario: Un Espacio para Sentir a Dios Cerca
Cuando leemos Éxodo 25, no solo vemos un manual para construir un edificio; descubrimos un deseo mucho más profundo de Dios: estar presente entre su pueblo. No es que Él quiera ser alguien lejano, impalpable o distante, sino que anhela estar cerca, caminar a nuestro lado, compartir nuestra realidad. El santuario es esa señal, ese lugar que nos recuerda que Dios quiere una relación viva con nosotros, algo que se puede tocar y sentir, no solo imaginar.
La Arca y el Propiciatorio: Símbolos que Hablan de Perdón
La Arca del Testimonio no es solo una caja antigua, es el corazón de una alianza que nos habla de compromiso y memoria. Dentro de ella está todo lo que confirma la relación entre Dios y su gente. El propiciatorio, esa tapa dorada con querubines, no es un simple adorno; es el lugar donde Dios se encuentra con Moisés, donde la misericordia y el perdón se hacen presentes. Nos recuerda que para acercarnos a Dios necesitamos reconocer nuestra necesidad de perdón y acoger su gracia.
Y esos querubines, con sus alas extendidas, no solo protegen sino que también abrazan la santidad divina. Es como si nos dijeran que la santidad no es fría ni inaccesible, sino que está rodeada de cuidado y amor. Nos invita a acercarnos con respeto, sí, pero también con la confianza de que somos bienvenidos.
La Luz y el Pan: Recordatorios de Vida que Nunca Fallan
El candelabro, con sus luces que nunca se apagan, es mucho más que decoración. Es un símbolo de que Dios ilumina el camino cuando todo parece oscuro o confuso. Esta luz no surge por arte de magia; es fruto de cuidado y dedicación, algo que se refleja en cómo debemos cultivar nuestra relación con Él para que esa claridad no se apague.
En cuanto al pan de la proposición, siempre fresco y dispuesto sobre la mesa, habla de una provisión constante, de un sustento que va más allá del cuerpo y que nutre el alma. Es como esa comida diaria que nos mantiene vivos y en movimiento, solo que aquí es la presencia misma de Dios la que nos alimenta y sostiene. Nos recuerda que vivir en su presencia es un regalo que hay que valorar, porque es lo que realmente nos mantiene en pie.
Seguir el Modelo de Dios: Más que una Instrucción, un Acto de Fe
Al final, cuando se insiste en que todo debe hacerse “según el modelo mostrado en el monte”, no es por rigidez ni capricho, sino porque la fidelidad a ese plan es una forma de honrar a Dios. No basta con improvisar o hacer las cosas a nuestra manera; hay una sabiduría detrás que merece nuestra atención y respeto. Construir el santuario según ese diseño es un acto de obediencia que habla de confianza y de amor.
Esto no solo aplica a un templo, sino a nuestra vida diaria. Dios nos invita a conocer su voluntad y a seguirla, incluso cuando no entendemos todo. Esa confianza, esa entrega, es la que abre la puerta para experimentar su presencia en plenitud. A veces tropezamos, a veces dudamos, pero seguir ese camino es lo que nos conecta de verdad con Él.















