Portada » Deuteronomio 5

Deuteronomio 5

📖 Estos anuncios nos ayudan a seguir creando contenido gratuito. Si quieres apoyar nuestro proyecto y ocultar los anuncios para siempre, toca aquí para hacerte miembro.
Escucha el capítulo bíblico: 🔊
Escucha el capítulo completo: 🔊

Volver al libro Deuteronomio

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente
Lee el Capítulo 5 de Deuteronomio y pulsa sobre cada versículo para ver su explicación.

Lectura y Explicación del Capítulo 5 de Deuteronomio:

1 Llamó Moisés a todo Israel y les dijo: «Oye, Israel, los estatutos y decretos que yo pronuncio hoy en vuestros oídos. Aprendedlos y guardadlos, para ponerlos por obra.

2 Jehová, nuestro Dios, hizo un pacto con nosotros en Horeb.

3 No con nuestros padres hizo Jehová este pacto, sino con nosotros, todos los que estamos aquí hoy vivos.

4 Cara a cara habló Jehová con vosotros en el monte, de en medio del fuego.

5 Yo estaba entonces entre Jehová y vosotros para comunicaros la palabra de Jehová, porque vosotros tuvisteis temor del fuego y no subisteis al monte. Él dijo:

6 «Yo soy Jehová, tu Dios, que te saqué de tierra de Egipto, de casa de servidumbre.

7 No tendrás dioses ajenos delante de mí.

8 No harás para ti escultura ni imagen alguna de cosa que está arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.

9 No te inclinarás a ellas ni las servirás, porque yo soy Jehová, tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y la cuarta generación de los que me aborrecen,

10 y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.

11 No tomarás el nombre de Jehová, tu Dios, en vano, porque Jehová no considerará inocente al que tome su nombre en vano.

12 Guardarás el sábado para santificarlo, como Jehová, tu Dios, te ha mandado.

13 Seis días trabajarás y harás toda tu obra,

14 pero el séptimo día es de reposo para Jehová, tu Dios. Ninguna obra harás tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu asno, ni ningún animal tuyo, ni el extranjero que está dentro de tus puertas, para que tu siervo y tu sierva puedan descansar como tú.

15 Acuérdate de que fuiste siervo en tierra de Egipto, y que Jehová, tu Dios, te sacó de allá con mano fuerte y brazo extendido, por lo cual Jehová, tu Dios, te ha mandado que guardes el sábado.

16 Honra a tu padre y a tu madre, como Jehová, tu Dios, te ha mandado, para que sean prolongados tus días y para que te vaya bien sobre la tierra que Jehová, tu Dios, te da.

17 No matarás.

18 No cometerás adulterio.

19 No hurtarás.

20 No dirás falso testimonio contra tu prójimo.

21 No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni desearás la casa de tu prójimo, ni su tierra, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna de tu prójimo».

22 Estas palabras las pronunció Jehová con potente voz ante toda vuestra congregación, en el monte, de en medio del fuego, la nube y la oscuridad, y no añadió más. Luego las escribió en dos tablas de piedra, que me entregó a mí.

23 Cuando oísteis la voz de en medio de las tinieblas y visteis el monte que ardía en llamas, vinisteis a mí todos vosotros, príncipes de las tribus y ancianos,

24 y dijisteis: «Jehová, nuestro Dios, nos ha mostrado su gloria y su grandeza, y hemos oído su voz, que sale de en medio del fuego. Hoy hemos visto que Jehová habla al hombre, y este aún vive.

25 Ahora, pues, ¿por qué vamos a morir? –porque este gran fuego nos consumirá–; si seguimos oyendo la voz de Jehová, nuestro Dios, moriremos.

26 Pues, ¿qué es el hombre para que oiga la voz del Dios viviente hablando de en medio del fuego, como nosotros la oímos, y aún viva?

27 Acércate tú, y oye todas las cosas que diga Jehová, nuestro Dios. Tú nos dirás todo lo que Jehová, nuestro Dios, te diga, y nosotros oiremos y obedeceremos».

28 Jehová oyó vuestras palabras cuando me hablabais, y me dijo: «He oído las palabras de este pueblo, lo que ellos te han dicho; bien está todo lo que han dicho.

29 ¡Ojalá siempre tuvieran tal corazón, que me temieran y guardaran todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuera bien para siempre!

30 Ve y diles: Volveos a vuestras tiendas.

31 Y tú quédate aquí conmigo; yo te diré todos los mandamientos, estatutos y decretos que les enseñarás, a fin de que los pongan ahora por obra en la tierra que yo les doy en posesión».

32 Mirad, pues, que hagáis como Jehová, vuestro Dios, os ha mandado. No os apartéis a la derecha ni a la izquierda.

33 Andad en todo el camino que Jehová, vuestro Dios, os ha mandado, para que viváis, os vaya bien y prolonguéis vuestros días en la tierra que habéis de poseer.

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente

Estudio y Comentario Bíblico de Deuteronomio 5

Cuando Dios habla y toca el corazón

En Deuteronomio 5, hay un momento que no es cualquier cosa: Dios se dirige directamente a su pueblo. No es solo un listado de reglas o instrucciones; es como sentir la presencia de alguien muy cercano, que exige nuestra atención y respeto. La voz de Dios no suena fría ni lejana, sino que llega con una fuerza que quiere cambiar lo más profundo de nosotros, una invitación a vivir en comunión y con sinceridad. Decir que hablar “cara a cara” con Dios provoca temor y asombro nos revela algo importante: esta relación no es superficial ni rutinaria, es vital, es parte de quienes somos.

Un pacto que renace en cada generación

Lo que más me llama la atención en ese capítulo es que el pacto no se firmó con personajes lejanos en la historia, sino con la gente que estaba ahí, viva, escuchando y comprometiéndose. Eso nos recuerda que la fe no se hereda como un objeto, sino que se vive y se renueva cada día, en cada persona que decide caminar con Dios. No es suficiente con contar historias o repetir palabras, el pacto nos invita a un compromiso real y presente.

Por otro lado, este acuerdo nos muestra quién es Dios realmente: alguien fuerte, celoso, sí, pero también lleno de misericordia y justicia. Su justicia puede parecer dura, porque afecta hasta a las generaciones futuras, pero su misericordia es inmensa, abarca a miles. Esto nos hace pensar que nuestras decisiones tienen peso, pero también que el amor de Dios siempre nos está buscando y sosteniendo, incluso cuando fallamos.

Obedecer para vivir con sentido

Al terminar el capítulo, hay una exhortación clara: no desviarse ni a la derecha ni a la izquierda. No es una regla estricta que limita, sino un camino que conduce a una vida plena. Seguir estas indicaciones no es para castigar, sino para que realmente “les vaya bien” y tengan días largos y llenos de significado. Y aquí está lo curioso: no solo habla de prosperar en lo material, sino de encontrar un propósito que da sentido a cada momento, en comunión con Dios.

El temor que abre espacio al amor

Cuando se habla del temor a Dios, a veces pensamos en miedo que paraliza, pero aquí es diferente. Es un respeto profundo que nace de reconocer la grandeza de Dios y que, en lugar de alejarnos, nos acerca. Ese temor se convierte en el motor que impulsa a vivir con amor y a obedecer de verdad. La fe no es una obligación, sino un encuentro con alguien que nos liberó y sigue sosteniendo, y eso transforma cómo actuamos y sentimos.

Testimonios de nuestros lectores:

Deja un comentario