Portada » Colosenses 3

Colosenses 3

📖 Estos anuncios nos ayudan a seguir creando contenido gratuito. Si quieres apoyar nuestro proyecto y ocultar los anuncios para siempre, toca aquí para hacerte miembro.
Escucha el capítulo bíblico: 🔊
Escucha el capítulo completo: 🔊

Volver al libro Colosenses

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente

Lee el Capítulo 3 de Colosenses y pulsa sobre cada versículo para ver su explicación.

Lectura y Explicación del Capítulo 3 de Colosenses:

1 Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.

2 Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra,

3 porque habéis muerto y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.

4 Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria.

5 Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría.

6 Por estas cosas la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia,

7 en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas.

8 Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca.

9 No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos

10 y revestido del nuevo. Este, conforme a la imagen del que lo creó, se va renovando hasta el conocimiento pleno,

11 donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni extranjero, esclavo ni libre, sino que Cristo es el todo y en todos.

12 Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de bondad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia.

13 Soportaos unos a otros y perdonaos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.

14 Sobre todo, vestíos de amor, que es el vínculo perfecto.

15 Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo. Y sed agradecidos.

16 La palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros. Enseñaos y exhortaos unos a otros con toda sabiduría. Cantad con gracia en vuestros corazones al Señor, con salmos, himnos y cánticos espirituales.

17 Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él.

18 Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor.

19 Maridos, amad a vuestras mujeres y no seáis ásperos con ellas.

20 Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor.

21 Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten.

22 Esclavos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios.

23 Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres,

24 sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.

25 Pero el que actúa con injusticia recibirá la injusticia que haya cometido, porque no hay acepción de personas.

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente

Estudio y Comentario Bíblico de Colosenses 3:

Viviendo la realidad de nuestra nueva vida en Cristo

Colosenses 3 nos invita a levantar la mirada más allá de lo que vemos y tocamos, para enfocarnos en algo mucho más profundo y duradero: lo eterno. Cuando Pablo habla de que hemos resucitado con Cristo, no está hablando solo de una esperanza que llegará en el futuro, sino de una transformación que ya está sucediendo aquí y ahora. Esta vida nueva cambia todo, porque nos lleva a replantear lo que realmente importa. Ya no se trata de perseguir deseos pasajeros, sino de dejar que nuestra mente y corazón se alineen con lo que Dios sueña para nosotros. Es como si nos dijeran que la verdadera vida empieza cuando soltamos lo que nos ata al pasado y abrazamos esa realidad viva de Cristo en nuestro interior.

Dejar morir lo viejo para vestir lo nuevo

Nos llaman a “dejar morir lo terrenal”, y eso no es solo evitar ciertas acciones o comportamientos. En realidad, es un llamado a cambiar desde adentro, a transformar el corazón y la forma en que vemos y vivimos en el mundo, cómo nos relacionamos con los demás. No es un cambio superficial ni momentáneo; es despojarse de ese “viejo yo” que nos limita y ponernos el “nuevo yo”, que se va renovando poco a poco, conociendo más a Dios y pareciéndonos más a Él.

Lo curioso es que esta transformación no ocurre en soledad. Al vestirnos de misericordia, humildad y paciencia, aprendemos a convivir con otros, a perdonar y a soportar las imperfecciones que todos tenemos. Es un proceso donde la comunidad se vuelve un espacio para crecer juntos, para construir paz y unidad, justo como Cristo nos enseñó con su ejemplo.

El amor como vínculo perfecto y la gratitud como estilo de vida

En el centro de todo está el amor, ese “vínculo perfecto” que une y sostiene todo lo demás. Sin amor, la paciencia o el perdón se sienten vacíos, como obligaciones que pesamos en la mochila. Pero cuando amamos de verdad, ocurre algo hermoso: nuestra vida se llena de una paz profunda que calma el corazón y nos lleva a dar gracias a Dios en cada instante. No es solo un sentimiento pasajero, sino una forma de vivir que nace de entender quiénes somos en Cristo y cuál es nuestro lugar dentro de esta gran familia que es la iglesia.

Integridad en lo cotidiano: un testimonio que honra a Dios

Al final, Colosenses 3 nos invita a que nuestra fe no quede solo en palabras o ideas bonitas, sino que se refleje en cada detalle de nuestra vida diaria. Desde cómo tratamos a nuestra familia, hasta cómo hacemos nuestro trabajo o servimos a los demás. No se trata de hacerlo por obligación, sino “de corazón, como si fuera para el Señor”. Cuando entendemos eso, lo ordinario se vuelve extraordinario, cada gesto es una forma de adorar y honrar a Dios.

Testimonios de nuestros lectores:

Deja un comentario