Portada » 1 Samuel 6

1 Samuel 6

📖 Estos anuncios nos ayudan a seguir creando contenido gratuito. Si quieres apoyar nuestro proyecto y ocultar los anuncios para siempre, toca aquí para hacerte miembro.
Escucha el capítulo bíblico: 🔊
Escucha el capítulo completo: 🔊

Volver al libro 1ra. de Samuel
Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente
Lee el Capítulo 6 de 1ra. de Samuel y pulsa sobre cada versículo para ver su explicación.

Lectura y Explicación del Capítulo 6 de 1ra. de Samuel:

1 Estuvo el Arca de Jehová en la tierra de los filisteos siete meses.

2 Entonces los filisteos, llamando a los sacerdotes y adivinos, preguntaron: –¿Qué haremos con el Arca de Jehová? Hacednos saber de qué manera podemos devolverla a su lugar.

3 Ellos dijeron: –Si enviáis el Arca del Dios de Israel, no la enviéis vacía, sino ofrecedle una reparación; entonces seréis sanos y conoceréis por qué no se apartó de vosotros su mano.

4 Ellos dijeron: –¿Y qué reparación le pagaremos? Ellos respondieron: –Conforme al número de los príncipes de los filisteos, cinco tumores de oro y cinco ratones de oro, porque una misma plaga os ha afligido a todos vosotros y a vuestros príncipes.

5 Haréis, pues, figuras de vuestros tumores y de los ratones que destruyen la tierra, y daréis gloria al Dios de Israel; quizá aligere su mano sobre vosotros, sobre vuestros dioses y sobre vuestra tierra.

6 ¿Por qué endurecéis vuestro corazón, como los egipcios y el faraón endurecieron su corazón? Después que los había tratado así, ¿no los dejaron ir, y se fueron?

7 Haced, pues, ahora un carro nuevo y tomad luego dos vacas que críen, a las cuales no haya sido puesto yugo, uncid las vacas al carro, pero no dejéis que sus becerros vayan tras ellas, sino hacedlos volver al establo.

8 Tomaréis luego el Arca de Jehová y la pondréis sobre el carro, y las joyas de oro que le habéis de pagar como ofrenda por la culpa las pondréis en una caja al lado de ella; y dejaréis que se vaya.

9 Y observaréis; si sube por el camino de su tierra a Bet-semes, él nos ha hecho este mal tan grande; y si no, sabremos que no es su mano la que nos ha herido, sino que esto ocurrió por accidente.

10 Aquellos hombres lo hicieron así. Tomaron dos vacas que criaban, las uncieron al carro y encerraron en el establo sus becerros.

11 Luego pusieron el Arca de Jehová, la caja con los ratones de oro y las figuras de sus tumores sobre el carro.

12 Las vacas se encaminaron por el camino de Bet-semes, y seguían recto, andando y bramando, sin apartarse ni a derecha ni a izquierda del camino. Los príncipes de los filisteos fueron tras ellas hasta el límite de Bet-semes.

13 Los de Bet-semes estaban segando el trigo en el valle. Al levantar los ojos, divisaron el Arca y se regocijaron de verla.

14 El carro llegó al campo de Josué de Bet-semes y se paró allí, donde había una gran piedra. Ellos cortaron la madera del carro y ofrecieron las vacas en holocausto a Jehová.

15 Los levitas bajaron el Arca de Jehová y la caja que estaba junto a ella, en la cual se encontraban las joyas de oro, y las pusieron sobre aquella gran piedra. Los hombres de Bet-semes sacrificaron holocaustos y dedicaron sacrificios a Jehová en aquel día.

16 Cuando vieron esto los cinco príncipes de los filisteos, regresaron a Ecrón el mismo día.

17 Estos fueron los tumores de oro que pagaron los filisteos en reparación a Jehová: por Asdod uno, por Gaza uno, por Ascalón uno, por Gat uno, por Ecrón uno.

18 Y los ratones de oro fueron conforme al número de todas las ciudades de los filisteos pertenecientes a los cinco príncipes, así las ciudades fortificadas como las aldeas sin muro. La gran piedra sobre la cual pusieron el Arca de Jehová está en el campo de Josué de Bet-semes hasta hoy.

19 Entonces Dios hizo morir a los hombres de Bet-semes, porque habían mirado dentro del Arca de Jehová. Hizo morir a cincuenta mil setenta hombres del pueblo. Y lloró el pueblo, porque Jehová lo había herido con una mortandad tan grande.

20 Los de Bet-semes dijeron: «¿Quién podrá estar delante de Jehová, el Dios santo? ¿A quién la enviaremos nosotros?

21 Entonces enviaron mensajeros a los habitantes de Quiriat-jearim, diciendo: «Los filisteos han devuelto el Arca de Jehová; descended, pues, y lleváosla».

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente

Estudio y Comentario Bíblico de 1ra. de Samuel 6

Cuando Dios está más allá de lo que podemos controlar

Hay algo que me ha quedado claro con el paso del tiempo: el Arca del Pacto no es un simple objeto al que podamos agarrarnos para manipular la realidad a nuestro favor. Los filisteos, que creían tener el control al poseer el Arca, pronto se dieron cuenta de que no podían dominar a Dios ni ignorar su poder. Es curioso porque muchas veces queremos pensar que podemos usar a Dios como una herramienta, como si Él estuviera al servicio de nuestros planes. Pero no es así. Dios no se deja manejar ni se ajusta a lo que nosotros queremos. Él actúa con justicia y santidad, y su presencia nos corrige y guía, aunque a veces no lo veamos o no nos guste.

Por qué la santidad de Dios merece nuestro respeto

La historia de quienes miraron dentro del Arca y murieron no es algo para pasar por alto. Nos muestra con brutal sinceridad que la santidad de Dios no es un tema menor, ni algo que podamos tratar a la ligera. Es una realidad que exige reverencia. A veces, nos acercamos a Dios solo cuando necesitamos algo, olvidando que Él es santo y que merece un corazón humilde y respetuoso. Pienso en el pueblo de Bet-semes, que tuvo que llorar y arrepentirse para entender esto. Nosotros también estamos llamados a ese mismo respeto, a vivir con un temor santo que no nace del miedo, sino del reconocimiento profundo de quién es Él.

La presencia de Dios es un regalo inmenso, sí, pero también un compromiso. No podemos simplemente ignorar lo que significa acercarnos a Él con indiferencia. Dios es justo y santo, y eso cambia todo.

La fuerza que nace al reconocer nuestros errores

Cuando los filisteos decidieron devolver el Arca, no fue solo por miedo o por presión externa. Era como una confesión silenciosa: reconocían que su dolor y sufrimiento eran consecuencia de haber desafiado a Dios. Ese gesto nos habla a nosotros hoy de algo fundamental: para empezar a sanar y restaurar lo que está roto en nuestra relación con Dios, primero tenemos que admitir que nos hemos equivocado. No es fácil, lo sé. Pero esa humildad abre la puerta a la sanidad, a la bendición que viene cuando aceptamos la autoridad de Dios y pedimos perdón de corazón.

Aprender a confiar en que Dios guía el camino

Me gusta imaginar a esas vacas que siguieron el camino recto hacia Bet-semes, sin desviarse ni un instante. Es una imagen sencilla, pero poderosa de lo que significa rendirse a la voluntad de Dios. No se trata de querer manipular a Dios o buscar caminos fáciles, sino de confiar de verdad en que Él está guiando nuestros pasos. Aunque en el camino haya incertidumbre o dificultades, podemos descansar en la certeza de que Dios tiene un propósito y un plan que a veces no entendemos, pero que siempre es perfecto. Este capítulo nos invita a dejar de lado nuestra necesidad de control y a abrazar esa confianza profunda en la providencia divina, que nunca falla ni se deja engañar por nuestras apariencias de poder.

Testimonios de nuestros lectores:

Deja un comentario