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Salmos 90

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Lectura y Explicación del Capítulo 90 de Salmos:

1 Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación.

2 Antes que nacieran los montes y formaras la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios.

3 Vuelves a convertir en polvo al hombre y dices: «¡Convertíos, hijos de los hombres!

4 Ciertamente mil años delante de tus ojos son como el día de ayer, que pasó, y como una de las vigilias de la noche.

5 Los arrebatas como con torrente de aguas; son como un sueño. Como la hierba que crece en la mañana:

6 en la mañana florece y crece; a la tarde es cortada y se seca.

7 Ciertamente con tu furor somos consumidos y con tu ira somos turbados.

8 Pusiste nuestras maldades delante de ti, nuestros yerros a la luz de tu rostro.

9 Ciertamente todos nuestros días declinan a causa de tu ira; acabamos nuestros años como un pensamiento.

10 Los días de nuestra edad son setenta años. Si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan y volamos.

11 ¿Quién conoce el poder de tu ira, y tu indignación según el temor que te es debido?

12 Enséñanos de tal modo a contar nuestros días que traigamos al corazón sabiduría.

13 ¡Vuélvete, Jehová! ¿Hasta cuándo? ¡Ten compasión de tus siervos!

14 De mañana sácianos de tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días.

15 Alégranos conforme a los días que nos afligiste y los años en que vimos el mal.

16 Aparezca en tus siervos tu obra y tu gloria sobre sus hijos.

17 Sea la luz de Jehová, nuestro Dios, sobre nosotros. La obra de nuestras manos confirma sobre nosotros; sí, la obra de nuestras manos confirma.

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Estudio y Comentario Bíblico de Salmos 90:

https://www.youtube.com/watch?v=ElUiTbaoqRk

Cuando el Tiempo Humano se Encuentra con la Eternidad de Dios

Este salmo nos enfrenta con una verdad que a veces nos cuesta aceptar: mientras Dios existe más allá del tiempo, nosotros vivimos atrapados en su fugacidad. La idea de que mil años para Él son como un solo día nos ayuda a ver que, aunque nuestra vida tiene un valor profundo, es breve y pasajera. No se trata de una sentencia para desanimarnos, sino más bien de un llamado para reconocer que dependemos completamente de ese Dios que ha estado aquí desde siempre y seguirá estando para siempre. En esa eternidad divina, nuestra existencia se revela pequeña, frágil, pero también preciosa.

Entendiendo Nuestra Vulnerabilidad en un Tiempo Limitado

El salmista pinta un cuadro sencillo y claro: nuestra vida es como esa hierba que brota en la mañana y se seca en la tarde. Esta imagen nos invita a tomar conciencia de que el tiempo que tenemos es un regalo, y muchas veces lo olvidamos, atrapados en cosas que no llenan realmente. La vida, con sus retos, sufrimientos y hasta el peso que nos impone la distancia de Dios, nos recuerda que no estamos aquí para desperdiciar ni un instante sin sentido.

Pero lo más hermoso es que, al aceptar esta fragilidad, aprendemos humildad. Nos acercamos a ese refugio seguro que Dios ofrece, una presencia constante, una mano firme que sostiene, incluso cuando todo lo demás parece desvanecerse. Saber que podemos confiar en Él genera una paz que ningún cambio externo puede arrebatar.

Contar Nuestros Días para Encontrar Sabiduría

Llegar a pedirle a Dios que nos enseñe a contar nuestros días es, en realidad, una de las peticiones más sabias que podemos hacer. Porque sabiduría no es acumular datos o parecer inteligentes, sino entender de verdad que nuestro tiempo es limitado y aprender a vivir con esa realidad. Cuando vemos la vida desde esta perspectiva, todo cambia: las prioridades se aclaran y el corazón encuentra un propósito más profundo, uno que se enraíza en la relación con Dios y en la esperanza que Él nos ofrece.

La Misericordia que Da Luz en los Momentos Difíciles

No podemos ignorar que la vida duele, y que muchas veces parece que la justicia es dura. Pero el salmista no se queda en la tristeza: clama por la misericordia de Dios, esa fuerza que puede transformar el dolor en alegría. Es como cuando después de una tormenta, el sol vuelve a brillar y nos invita a cantar. Esa luz que Dios derrama sobre nuestra historia es la que hace que incluso nuestras luchas tengan sentido, que nuestras limitaciones se conviertan en oportunidades para crecer y para aprender a confiar más profundo.

Testimonios de nuestros lectores:

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