Lectura y Explicación del Capítulo 145 de Salmos:
1 Te exaltaré, mi Dios, mi Rey, y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre.
2 Cada día te bendeciré y alabaré tu nombre eternamente y para siempre.
3 Grande es Jehová y digno de suprema alabanza; su grandeza es insondable.
4 Generación a generación celebrará tus obras y anunciará tus poderosos hechos.
5 En la hermosura de la gloria de tu magnificencia y en tus hechos maravillosos meditaré.
6 Del poder de tus hechos estupendos hablarán los hombres, y yo publicaré tu grandeza.
7 Proclamarán la memoria de tu inmensa bondad, y cantarán tu justicia.
8 Clemente y misericordioso es Jehová, lento para la ira y grande en misericordia.
9 Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras.
10 ¡Te alaben, Jehová, todas tus obras, y tus santos te bendigan!
11 La gloria de tu reino digan y hablen de tu poder,
13 Tu reino es reino de todos los siglos y tu señorío por todas las generaciones.
14 Sostiene Jehová a todos los que caen y levanta a todos los oprimidos.
15 Los ojos de todos esperan en ti y tú les das su comida a su tiempo.
16 Abres tu mano y colmas de bendición a todo ser viviente.
17 Justo es Jehová en todos sus caminos y misericordioso en todas sus obras.
18 Cercano está Jehová a todos los que lo invocan, a todos los que lo invocan de veras.
19 Cumplirá el deseo de los que lo temen; oirá asimismo el clamor de ellos y los salvará.
20 Jehová guarda a todos los que lo aman, pero destruirá a todos los impíos.
Estudio y Comentario Bíblico de Salmos 145
La alabanza que nunca termina: una respuesta a la grandeza de Dios
Este salmo nos invita a algo más que a un momento puntual de adoración; nos habla de una actitud que debería acompañarnos siempre, como un latido constante en el corazón. “Eternamente y para siempre” no es solo una frase bonita, sino una llamada a reconocer que la relación con Dios es un camino diario, una forma de vida. Cuando el salmista dice que la alabanza es cosa de cada día, nos recuerda que Dios merece nuestro tiempo y atención en cualquier circunstancia, incluso cuando todo parece incierto o difícil.
Dios en la historia, en nuestra historia
Lo curioso es que este salmo también nos invita a mirar hacia atrás, a recordar lo que Dios ha hecho, no solo como un acto de fe, sino como una forma de mantener viva su presencia en la memoria colectiva. Dios no es un personaje lejano en un libro antiguo; es el motor de la historia, el que sostiene la vida que conocemos generación tras generación.
Y cuando habla de cómo sostiene a los caídos o provee para los necesitados, nos muestra un rostro cercano, tierno y atento a nuestras luchas cotidianas. No es un Dios indiferente, sino alguien que ve, que se conmueve y que cuida. Eso nos invita a confiar, a descansar en esa providencia y a ser, a nuestra vez, manos y corazón para quienes cruzan por momentos difíciles.
Justicia y misericordia: el alma del carácter divino
Una de las cosas que más me toca de este salmo es cómo combina dos cosas que a veces parecen opuestas: la justicia y la misericordia. Dios no es solo juez severo que castiga el mal; también es aquel que abre las puertas al perdón, que acoge con ternura a quien se acerca con sinceridad. Ese equilibrio nos habla de un amor profundo y real, que no ignora el dolor ni la injusticia, pero que siempre está dispuesto a dar una segunda oportunidad.
Confianza que se vuelve esperanza viva
Al final, el salmo nos deja una invitación hermosa: acercarnos a Dios con fe y respeto, sabiendo que Él escucha, que no nos da la espalda. Esa confianza no es ciega ni pasiva; es una esperanza activa que nos sostiene en los momentos bajos, que nos hace levantarnos cuando caemos y seguir adelante con la certeza de que hay un propósito, una mano amiga que responde cuando la necesidad es verdadera.















