Portada » Romanos 4

Romanos 4

📖 Estos anuncios nos ayudan a seguir creando contenido gratuito. Si quieres apoyar nuestro proyecto y ocultar los anuncios para siempre, toca aquí para hacerte miembro.
Escucha el capítulo bíblico: 🔊
Escucha el capítulo completo: 🔊

Volver al libro Romanos

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente

Lee el Capítulo 4 de Romanos y pulsa sobre cada versículo para ver su explicación.

Lectura y Explicación del Capítulo 4 de Romanos:

1 ¿Qué, pues, diremos que halló Abraham, nuestro padre según la carne?

2 Si Abraham hubiera sido justificado por las obras, tendría de qué gloriarse, pero no ante Dios,

3 pues ¿qué dice la Escritura?: «Creyó Abraham a Dios y le fue contado por justicia.

4 Pero al que trabaja no se le cuenta el salario como un regalo, sino como deuda;

5 pero al que no trabaja, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.

6 Por eso también David habla de la bienaventuranza del hombre a quien Dios atribuye justicia sin obras,

7 diciendo: «Bienaventurados aquelloscuyas iniquidades son perdonadas, y cuyos pecados son cubiertos.

8 Bienaventurado el hombre a quienel Señor no culpa de pecado».

9 ¿Es, pues, esta bienaventuranza solamente para los de la circuncisión o también para los de la incircuncisión? Porque decimos que a Abraham le fue contada la fe por justicia.

10 ¿Cómo, pues, le fue contada? ¿Estando en la circuncisión, o en la incircuncisión? No en la circuncisión, sino en la incircuncisión.

11 Y recibió la circuncisión como señal, como sello de la justicia de la fe que tuvo cuando aún no había sido circuncidado, para que fuera padre de todos los creyentes no circuncidados, a fin de que también a ellos la fe les sea contada por justicia;

12 y padre de la circuncisión, para los que no solamente son de la circuncisión, sino que también siguen las pisadas de la fe que tuvo nuestro padre Abraham antes de ser circuncidado.

13 La promesa de que sería heredero del mundo, fue dada a Abraham o a su descendencia no por la Ley sino por la justicia de la fe,

14 porque si los que son de la Ley son los herederos, vana resulta la fe y anulada la promesa.

15 La ley produce ira; pero donde no hay Ley, tampoco hay transgresión.

16 Por eso, la promesa es fe, para que sea por gracia, a fin de que sea firme para toda su descendencia, no solamente para la que es por la Ley, sino también para la que es de la fe de Abraham. Él es padre de todos nosotros,

17 como está escrito: «Te he puesto por padre de muchas naciones». Y lo es delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos y llama las cosas que no son como si fueran.

18 Él creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas naciones, conforme a lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia».

19 Y su fe no se debilitó al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años), o la esterilidad de la matriz de Sara.

20 Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció por la fe, dando gloria a Dios,

21 plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido.

22 Por eso, también su fe le fue contada por justicia.

23 Pero no solo con respecto a él se escribió que le fue contada,

24 sino también con respecto a nosotros a quienes igualmente ha de ser contada, es decir, a los que creemos en aquel que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro,

25 el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente

Estudio y Comentario Bíblico de Romanos 4:

La fe: el verdadero cimiento de la justicia ante Dios

Cuando leemos Romanos 4, nos topamos con una idea que puede cambiar la forma en que vemos nuestra relación con Dios: la justicia no es algo que ganamos a punta de esfuerzos o buenas acciones. Más bien, es un regalo que llega cuando confiamos de corazón. Abraham es el ejemplo perfecto de esto. No fue su obediencia a la ley ni sus obras lo que lo hizo justo, sino su fe en la promesa de Dios. Y eso nos habla a todos, porque no importa quién hayamos sido o qué hayamos hecho, la justicia que Dios ofrece no depende de nuestros méritos, sino de nuestra confianza en Él.

Creer cuando todo parece imposible

La fe de Abraham no fue una fe cómoda ni fácil; fue una fe valiente, una que se mantiene firme incluso cuando la realidad parece decir lo contrario. Imagínate tener la edad que él tenía y enfrentarte a la idea de que no podrías tener hijos con Sara, por la esterilidad y el tiempo que había pasado. Sin embargo, Abraham creyó. Esa confianza activa, que desafía la lógica y se aferra a la fidelidad de Dios, es la que transforma las cosas imposibles en posibles.

Lo hermoso es que esta esperanza no era un simple deseo o un sueño ingenuo. Abraham estaba convencido, con una certeza profunda, de que Dios cumpliría su palabra. Y ese mismo tipo de fe es la que necesitamos hoy, para sostenernos cuando la vida nos pone a prueba y para descubrir que, a veces, los caminos más inesperados son los que Dios abre para nosotros.

Una justicia que va más allá de reglas y fronteras

Pablo nos recuerda que la justicia que Dios da por medio de la fe no es exclusiva ni limitada. No es algo reservado para quienes cumplen una lista de reglas o pertenecen a un grupo particular. Abraham fue declarado justo antes de cumplir con la señal de la circuncisión, y eso es clave. Nos dice que la justicia de Dios está abierta a todos, sin importar raza, cultura o historia. Esa promesa no excluye a nadie, y eso tiene un peso enorme en cómo entendemos la comunidad de creyentes: somos todos parte de una misma familia, unidos por la fe.

Romper esas barreras es un acto de amor que invita a dejar de lado prejuicios y mirar al otro como alguien que también puede recibir esa justicia de Dios, sin condiciones.

Jesús resucitado: la garantía de que nuestra fe no es en vano

El capítulo no se queda solo en Abraham. Nos lleva directo a Jesús, a quien Dios entregó por nuestros errores y resucitó para demostrarnos que en Él tenemos justificación. La resurrección es mucho más que un hecho histórico; es la prueba palpable de que Dios tiene poder sobre la muerte y que nuestra confianza en Cristo no es algo vacío, sino vivo y poderoso.

Por eso, cuando ponemos nuestra fe en Jesús, no estamos creyendo en un Dios lejano, sino en alguien que venció la muerte y nos ofrece una vida nueva, llena de esperanza y alegría. Romanos 4 nos invita a vivir desde esa certeza, sabiendo que esa justicia que recibimos no solo cambia nuestro estado frente a Dios, sino que también transforma nuestro corazón y nos une a una familia que trasciende el tiempo y el espacio.

Testimonios de nuestros lectores:

Deja un comentario