Portada » Marcos 2

Marcos 2

📖 Estos anuncios nos ayudan a seguir creando contenido gratuito. Si quieres apoyar nuestro proyecto y ocultar los anuncios para siempre, toca aquí para hacerte miembro.
Escucha el capítulo bíblico: 🔊
Escucha el capítulo completo: 🔊

Volver al libro Marcos

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente
Lee el Capítulo 2 de Marcos y pulsa sobre cada versículo para ver su explicación.

Lectura y Explicación del Capítulo 2 de Marcos:

1 Después de algunos días, Jesús entró otra vez en Capernaúm. Cuando se supo que estaba en casa,

2 inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra.

3 Entonces vinieron a él unos trayendo a un paralítico, que era cargado por cuatro.

4 Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, quitaron parte del techo de donde él estaba y, a través de la abertura, bajaron la camilla en que yacía el paralítico.

5 Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: –Hijo, tus pecados te son perdonados.

6 Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales pensaban para sí:

7 ¿Por qué habla este de ese modo? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios?».

8 Y conociendo luego Jesús en su espíritu que pensaban de esta manera dentro de sí mismos, les preguntó: –¿Por qué pensáis así?

9 ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: «Tus pecados te son perdonados», o decirle: «Levántate, toma tu camilla y anda»?

10 Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados –dijo al paralítico–:

11 A ti te digo: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.

12 Entonces él se levantó y, tomando su camilla, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron y glorificaron a Dios, diciendo: –Nunca hemos visto tal cosa.

13 Después volvió a la orilla del mar; y toda la gente venía a él, y les enseñaba.

14 Al pasar, vio a Leví hijo de Alfeo sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: –Sígueme. Y levantándose, lo siguió.

15 Aconteció que estando Jesús a la mesa en casa de él, muchos publicanos y pecadores estaban también a la mesa juntamente con Jesús y sus discípulos, porque eran muchos los que lo habían seguido.

16 Los escribas y los fariseos, viéndolo comer con los publicanos y con los pecadores, dijeron a los discípulos: –¿Qué es esto, que él come y bebe con los publicanos y pecadores?

17 Al oir esto Jesús, les dijo: –Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores.

18 Los discípulos de Juan y los de los fariseos estaban ayunando. Entonces fueron y le preguntaron: –¿Por qué los discípulos de Juan y los de los fariseos ayunan, y tus discípulos no ayunan?

19 Jesús les dijo: –¿Acaso pueden ayunar los que están de bodas mientras está con ellos el esposo? Entre tanto que tienen consigo al esposo, no pueden ayunar.

20 Pero vendrán días cuando el esposo les será quitado, y entonces, en aquellos días, ayunarán.

21 Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; de otra manera, el mismo remiendo nuevo tira de lo viejo y se hace peor la rotura.

22 Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, el vino se derrama y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.

23 Aconteció que al pasar él por los sembrados un sábado, sus discípulos, mientras andaban, comenzaron a arrancar espigas.

24 Entonces los fariseos le dijeron: –Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?

25 Pero él les dijo: –¿Nunca leísteis lo que hizo David cuando tuvo necesidad y sintió hambre, él y los que con él estaban;

26 cómo entró en la casa de Dios, siendo Abiatar Sumo sacerdote, y comió los panes de la proposición, de los cuales no es lícito comer sino a los sacerdotes, y aun dio a los que con él estaban?

27 También les dijo: –El sábado fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado.

28 Por tanto, el Hijo del hombre es Señor aun del sábado.

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente

Estudio y Comentario Bíblico de Marcos 2:

https://www.youtube.com/watch?v=YrKFObj5ur0

Cuando Jesús transforma vidas y toca corazones

Al leer este capítulo de Marcos, no podemos quedarnos con la idea de que Jesús fue solo un maestro más o un profeta que pasó por la historia. Hay algo en Él que rompe con todo lo esperado: una autoridad que no se ve ni se mide, pero que se siente profundamente. Cuando perdona al paralítico, no está simplemente hablando de sanar un cuerpo; está mostrando que puede tocar lo más profundo del alma. Esa sanidad verdadera, la que nos cambia por dentro, empieza con el perdón y la reconciliación con Dios. Y lo asombroso es que solo Jesús tiene ese poder completo. Por eso, la reacción de los escribas, que lo acusan de blasfemo, nos deja ver lo difícil que es aceptar que Dios a veces actúa de formas que no encajan en nuestras ideas rígidas.

Un llamado que rompe barreras y prejuicios

Cuando Jesús invita a Leví, un recaudador de impuestos que la sociedad despreciaba, y se sienta a comer con publicanos y pecadores, está haciendo algo que no era común. Su misión no distingue clase social ni pasado; no le interesa una apariencia de perfección o cumplir rituales. Lo que busca es un corazón abierto, dispuesto a cambiar. Eso nos hace pensar en cuántas veces nosotros mismos ponemos límites al amor de Dios, decidiendo quién merece o no ser parte. La invitación de Jesús es clara y radical: su comunidad es para todos, sin excepciones, y nos desafía a derribar esos muros que construimos.

Es como si nos estuviera diciendo que la verdadera comunidad no se basa en etiquetas ni en la historia de cada uno, sino en la disposición de caminar juntos hacia una vida nueva. Y aunque a veces nos cuesta, esa apertura es el primer paso para encontrar libertad y pertenencia.

Un Reino nuevo que rompe viejas reglas

Las palabras de Jesús sobre el ayuno, los remiendos y los odres nuevos nos hablan de algo fresco y diferente. El Reino que Él trae no encaja en las estructuras rígidas que a veces nos hacen sentir atrapados. No es cuestión de seguir reglas viejas que limitan la alegría y la libertad que en realidad buscamos. Por eso, Jesús nos invita a dejar atrás esas costumbres que, aunque parecían protegernos, terminan por esclavizarnos.

Lo más curioso es que Él mismo se presenta como Señor del sábado, recordándonos que las normas existen para cuidar la vida, no para oprimirla. En el fondo, Jesús quiere que entendamos que el bienestar humano y la revelación de Dios están por encima de cualquier tradición, y que la verdadera libertad se encuentra en esa relación viva con Él.

Testimonios de nuestros lectores:

Deja un comentario