Portada » Jeremías 15

Jeremías 15

📖 Estos anuncios nos ayudan a seguir creando contenido gratuito. Si quieres apoyar nuestro proyecto y ocultar los anuncios para siempre, toca aquí para hacerte miembro.
Escucha el capítulo bíblico: 🔊
Escucha el capítulo completo: 🔊

Volver al libro Jeremías

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente
Lee el Capítulo 15 de Jeremías y pulsa sobre cada versículo para ver su explicación.

Lectura y Explicación del Capítulo 15 de Jeremías:

1 Entonces Jehová me dijo: «Aunque Moisés y Samuel se pusieran delante de mí, no estaría mi voluntad con este pueblo. Échalos de mi presencia, y que salgan.

2 Y si te preguntan: «¿A dónde saldremos?», les dirás que así ha dicho Jehová: «»El que a muerte, a muerte; el que a espada, a espada; el que a hambre, a hambre; y el que a cautiverio, a cautiverio».

3 Y enviaré sobre ellos cuatro géneros de castigo, dice Jehová: espada para matar, perros para despedazar y aves del cielo y bestias de la tierra para devorar y destruir.

4 Los entregaré para terror a todos los reinos de la tierra, a causa de Manasés hijo de Ezequías, rey de Judá, por lo que hizo en Jerusalén.

5 Porque ¿quién tendrá compasión de ti, Jerusalén? ¿Quién se entristecerá por tu causa o quién vendrá a preguntar por tu paz?

6 Tú me dejaste, dice Jehová, te volviste atrás; por tanto, yo extenderé sobre ti mi mano y te destruiré. ¡Estoy cansado de tener compasión!

7 Aunque los aventé con aventador hasta las puertas de la tierra, y dejé sin hijos a mi pueblo y lo desbaraté, no se volvieron de sus caminos.

8 Sus viudas se multiplicaron más que la arena del mar; traje contra ellos un destructor a mediodía sobre la madre y sobre los hijos; hice que de repente cayeran terrores sobre la ciudad.

9 Languideció la que dio a luz siete; se llenó de dolor su alma, su sol se puso siendo aún de día; fue avergonzada y llena de confusión. Y lo que de ella quede, lo entregaré a la espada delante de sus enemigos, dice Jehová».

10 ¡Ay de mí, madre mía, que me engendraste hombre de contienda y hombre de discordia para toda la tierra! Nunca he dado ni tomado en préstamo y, sin embargo, todos me maldicen.

11 ¡Sea así, Jehová, si no te he rogado por su bien, si no he suplicado ante ti en favor del enemigo en tiempo de aflicción y en época de angustia!

12 ¿Puede alguno quebrar el hierro, el hierro del norte, y el bronce?

13 Tus riquezas y tus tesoros entregaré a la rapiña sin ningún precio, por todos tus pecados y en todo tu territorio.

14 Y te haré servir a tus enemigos en tierra que no conoces, porque fuego se ha encendido en mi furor y arderá contra vosotros».

15 Tú lo sabes, Jehová; acuérdate de mí, visítame y véngame de mis enemigos. No me reproches en la prolongación de tu enojo; sabes que por amor de ti sufro afrenta.

16 Fueron halladas tus palabras, y yo las comí. Tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, Jehová, Dios de los ejércitos.

17 No me senté en compañía de burladores ni me engreí a causa de tu profecía; me senté solo, porque me llenaste de indignación.

18 ¿Por qué fue perpetuo mi dolor, y mi herida incurable, que no admitió curación? ¿Serás para mí como cosa ilusoria, como aguas que no son estables?

19 Por tanto, así dijo Jehová: «Si te conviertes, yo te restauraré y estarás delante de mí; y si separas lo precioso de lo vil, serás como mi boca. ¡Conviértanse ellos a ti, mas tú no te conviertas a ellos!

20 Y te pondré en este pueblo por muro fortificado de bronce; pelearán contra ti, pero no te vencerán, porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte, dice Jehová.

21 Yo te libraré de la mano de los malos y te redimiré de la mano de los fuertes».

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente

Estudio y Comentario Bíblico de Jeremías 15:

https://www.youtube.com/watch?v=GXCMVYZ5ufs

Cuando la justicia de Dios pesa sobre nosotros

En Jeremías 15, nos topamos con una verdad que duele pero que es fundamental: la justicia de Dios frente a un pueblo que no deja de alejarse. No se trata de un castigo al azar, ni de una mano dura sin razón. Es más bien una respuesta justa a la constante desobediencia, a ese abandono que va fracturando poco a poco la relación entre Dios y su gente. Lo que me impacta es que ni siquiera la mediación de figuras tan poderosas como Moisés o Samuel podría detener ese juicio. Eso nos habla claro: cuando el corazón se cierra, a veces las consecuencias no tienen marcha atrás. Y aquí es donde más vale detenerse a pensar, porque nuestras decisiones no solo nos afectan a nosotros, sino a toda la comunidad y a quienes vienen después.

El peso que carga el profeta

Jeremías no es solo un mensajero frío del castigo; él mismo vive un dolor profundo. Se siente solo, incomprendido, como si llevara un saco demasiado pesado solo por amor a su gente. Esa vulnerabilidad me recuerda que ser portador de una verdad difícil no es cuestión de héroes invencibles. En realidad, Jeremías refleja el corazón de Dios: justo, sí, pero también cansado y triste por la terquedad de los suyos. A veces, seguir el llamado de la fidelidad implica entregarse y sufrir.

Y sin embargo, en medio de toda esa oscuridad, el profeta encuentra en la palabra de Dios un refugio, un alimento que no se acaba. Eso me parece una lección preciosa: aunque la vida nos ponga pruebas duras por hacer lo correcto, la conexión con Dios y su palabra puede ser ese sostén que nos impulsa a seguir adelante, incluso cuando el rechazo golpea fuerte.

Una puerta abierta en medio del castigo

Por más duro que sea el capítulo, no está vacío de esperanza. Dios le ofrece a Jeremías una promesa clara: si el pueblo se vuelve, si deja atrás lo que los aleja, hay posibilidad de restauración. Eso me parece tan importante, porque nos recuerda que el castigo no es un fin en sí mismo, sino un camino para regresar a la vida plena junto a Dios. En medio del dolor, siempre hay una ventana abierta a la misericordia.

Me gusta imaginar esa imagen del profeta como un “muro fortificado de bronce”. No es solo un símbolo de resistencia, sino de la fuerza que Dios da a quienes no se rinden, aunque el camino sea duro y la oposición fuerte. Nos muestra que, aunque el mundo parezca en contra, no estamos solos ni desprotegidos. Hay una promesa de victoria para quienes luchan por vivir con integridad, y eso siempre da un poco de aire fresco en medio de la batalla.

Testimonios de nuestros lectores:

Deja un comentario