Portada » Isaías 8

Isaías 8

📖 Estos anuncios nos ayudan a seguir creando contenido gratuito. Si quieres apoyar nuestro proyecto y ocultar los anuncios para siempre, toca aquí para hacerte miembro.
Escucha el capítulo bíblico: 🔊
Escucha el capítulo completo: 🔊

Volver al libro Isaías
Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente
Lee el Capítulo 8 de Isaías y pulsa sobre cada versículo para ver su explicación.

Lectura y Explicación del Capítulo 8 de Isaías:

1 Me dijo Jehová: –Toma una tabla grande y escribe en ella con caracteres legibles tocante a Maher-salal-hasbaz.

2 Y junté conmigo por testigos fieles al sacerdote Urías y a Zacarías hijo de Jeberequías.

3 Me llegué a la profetisa, la cual concibió y dio a luz un hijo. Y me dijo Jehová: «Ponle por nombre Maher-salal-hasbaz.

4 Porque antes que el niño sepa decir «padre mío» y «madre mía», será quitada la riqueza de Damasco y los despojos de Samaria delante del rey de Asiria».

5 Otra vez volvió Jehová a hablarme, diciendo:

6 Por cuanto desechó este pueblo las aguas de Siloé, que corren mansamente, y se regocijó con Rezín y con el hijo de Remalías,

7 he aquí, por tanto, que el Señorhace subir sobre ellos aguas de ríos, impetuosas y abundantes: al rey de Asiria con todo su poder. Él rebasará todos sus ríos y desbordará sobre todas sus riberas;

8 y, pasando por Judá, inundará y seguirá creciendo hasta llegar a la garganta. Luego, extendiendo sus alas, llenará la anchura de tu tierra, Emanuel.

9 Reuníos, pueblos, y seréis quebrantados. Oíd, todos los que sois de lejanas tierras: ceñíos, y seréis quebrantados; preparaos, y seréis quebrantados.

10 Haced planes, y serán anulados; proferid palabra, y no será firme, porque Dios está con nosotros».

11 Porque Jehová me habló de esta manera con mano fuerte y me advirtió que no caminara por el camino de este pueblo, diciendo:

12 No llaméis conspiración a todas las cosas que este pueblo llama conspiración, ni temáis lo que ellos temen, ni tengáis miedo.

13 A Jehová de los ejércitos, a él santificad; sea él vuestro temor, y él sea vuestro miedo.

14 Entonces él será por santuario; pero a las dos casas de Israel, por piedra para tropezar, por tropezadero para caer y por lazo y red al morador de Jerusalén.

15 Muchos de entre ellos tropezarán, caerán y serán quebrantados; se enredarán y serán apresados.

16 Ata el testimonio, sella la instrucción entre mis discípulos.

17 Esperaré, pues, a Jehová, el cual escondió su rostro de la casa de Jacob. En él confiaré.

18 He aquí que yo y los hijos que me dio Jehová somos por señales y presagios en Israel, de parte de Jehová de los ejércitos, que mora en el monte Sión.

19 Si os dicen: «Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando», responded: «¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos?

20 ¡A la ley y al testimonio! Si no dicen conforme a esto, es porque no les ha amanecido.

21 Pasarán por la tierra fatigados y hambrientos, y acontecerá que, a causa del hambre, se enojarán y maldecirán a su rey y a su Dios, levantando el rostro con altivez.

22 Y mirarán a la tierra, y he aquí tribulación y tinieblas, oscuridad y angustia; y quedarán sumidos en las tinieblas».

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente

Estudio y Comentario Bíblico de Isaías 8

Aferrarse a la confianza cuando todo parece incierto

En Isaías 8 nos topamos con un desafío que no es fácil: ¿cómo mantener la confianza en Dios cuando todo a nuestro alrededor parece desmoronarse y el futuro se ve borroso? Es un momento en el que las amenazas externas pesan y la desconfianza crece en el corazón. Pero el profeta nos invita a no caer en el miedo ni en esos rumores que solo alimentan nuestra ansiedad. No se trata de negar lo que pasa, sino de sostener una fe profunda, esa que se ancla en la santidad y la fidelidad de un Dios que no se va ni nos abandona. Aquí se siente muy fuerte esa lucha entre el temor humano y la confianza divina; y la clave está en «santificar a Dios como nuestro temor», en reconocer que Él es soberano y que desde esa reverencia podemos actuar con esperanza.

Un nombre que habla antes de que el niño pueda hacerlo

Maher-salal-hasbaz, el hijo de Isaías, no es solo un nombre complicado de pronunciar, sino un mensaje que Dios pone delante del pueblo. Antes de que el niño pueda decir una palabra, ya está anunciando que las riquezas de los enemigos serán tomadas. Es como si Dios nos recordara que, aunque las cosas parezcan caóticas y fuera de control, Él sigue moviendo las piezas en la historia. Esa señal no es un simple presagio de juicio, sino también una chispa de esperanza para quienes deciden confiar en Él, porque nos muestra que Dios no está dormido ni distante, sino que actúa, a su tiempo y a su manera, para cumplir lo que ha prometido.

Cuando la gente se pierde entre la luz y la oscuridad

La realidad que Isaías pinta es dura: ante la crisis, muchos se lanzan a buscar respuestas en lugares equivocados, como adivinos o espíritus. Es una manera de huir de la verdad, de agarrarse a algo que parece dar seguridad, aunque sea falsa. Esa elección lleva a la gente hacia la oscuridad, a un lugar donde reina la confusión y el miedo. En cambio, el llamado es volver a la ley y al testimonio de Dios, esa revelación que no falla, que nos orienta y nos da paz. Este contraste no es solo histórico; es una advertencia para nosotros hoy, para no caer en falsas seguridades cuando todo se pone difícil, sino para volver al mensaje claro que Dios nos ha dado, ese que nos permite caminar con esperanza, incluso en medio de la tormenta.

Esperar con los ojos puestos en lo invisible

Lo que Isaías nos enseña al final es una lección que cuesta aprender: la espera activa. No es un esperar pasivo, resignado, sino una espera que mira a Dios aunque a veces parezca que Él se ha escondido. En medio del ruido político y social, el profeta y sus hijos son como señales vivientes de que Dios sigue presente, trabajando y cuidando a su pueblo. Esa imagen nos invita a no rendirnos cuando las cosas se ponen difíciles, sino a ser testimonios fieles, confiando en que, aunque las aguas amenacen con arrastrarnos, Dios tiene el control y nos sostiene con su amor firme y constante.

Testimonios de nuestros lectores:

Deja un comentario