Portada » Ezequiel 1

Ezequiel 1

📖 Estos anuncios nos ayudan a seguir creando contenido gratuito. Si quieres apoyar nuestro proyecto y ocultar los anuncios para siempre, toca aquí para hacerte miembro.
Escucha el capítulo bíblico: 🔊
Escucha el capítulo completo: 🔊

Volver al libro Ezequiel

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente

Lee el Capítulo 1 de Ezequiel y pulsa sobre cada versículo para ver su explicación.

Lectura y Explicación del Capítulo 1 de Ezequiel:

1 Aconteció en el año treinta, en el mes cuarto, a los cinco días del mes, que estando yo en medio de los cautivos, junto al río Quebar, los cielos se abrieron y vi visiones de Dios.

2 En el quinto año de la deportación del rey Joaquín, a los cinco días del mes,

3 vino palabra de Jehová al sacerdote Ezequiel hijo de Buzi, en la tierra de los caldeos, junto al río Quebar. Vino allí sobre él la mano de Jehová.

4 Miré, y vi que venía del norte un viento huracanado y una gran nube, con un fuego envolvente, y alrededor de él un resplandor. En medio del fuego algo semejante al bronce refulgente;

5 y en medio de todo vi la figura de cuatro seres vivientes. Esta era su apariencia: había en ellos un parecido a seres humanos.

6 Cada uno tenía cuatro caras y cuatro alas.

7 Sus piernas eran rectas, y la planta de sus pies como pezuñas de becerro que centelleaban a manera de bronce muy bruñido.

8 Debajo de sus alas, a sus cuatro lados, tenían manos humanas. Sus caras y sus alas estaban por los cuatro lados.

9 Con las alas se juntaban el uno al otro. No se volvían cuando andaban, sino que cada uno caminaba derecho hacia adelante.

10 El aspecto de sus caras era como una cara de hombre y una cara de león al lado derecho de los cuatro, y como una cara de buey a la izquierda de los cuatro. Además los cuatro tenían una cara de águila.

11 Así eran sus caras. Cada uno tenía dos alas extendidas por encima, las cuales se tocaban entre sí, y con las otras dos cubrían sus cuerpos.

12 Cada uno caminaba derecho hacia adelante; hacia donde el espíritu los llevaba, ellos iban, y no se volvían al andar.

13 En cuanto a la semejanza de los seres vivientes, su aspecto era como de carbones de fuego encendidos. Parecían antorchas encendidas que se movían entre los seres vivientes. El fuego resplandecía, y de él salían relámpagos.

14 Los seres vivientes corrían y regresaban a semejanza de relámpagos.

15 Mientras yo miraba los seres vivientes, he aquí una rueda sobre el suelo, junto a los seres vivientes, a los cuatro lados.

16 El aspecto de las ruedas y su estructura era semejante al color del crisólito. Las cuatro tenían un mismo aspecto; su apariencia y su estructura eran como una rueda metida en otra.

17 Cuando andaban, se movían hacia sus cuatro costados; no se volvían al andar.

18 Sus llantas eran altas y espantosas, y llenas de ojos alrededor en las cuatro.

19 Cuando los seres vivientes andaban, las ruedas andaban junto a ellos; y cuando los seres vivientes se elevaban de la tierra, las ruedas se elevaban.

20 Hacia donde el espíritu las llevaba, ellas iban; hacia donde las llevaba el espíritu, las ruedas también se elevaban tras ellos, porque el espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas.

21 Cuando ellos andaban, andaban ellas, y cuando ellos se detenían, se detenían ellas. Asimismo, cuando se elevaban de la tierra, las ruedas se elevaban tras ellos, porque el espíritu de los seres vivientes estaba en las ruedas.

22 Sobre las cabezas de los seres vivientes había como una bóveda a manera de cristal maravilloso, extendido por encima de sus cabezas.

23 Y debajo de la bóveda, las alas de ellos estaban derechas, extendiéndose la una hacia la otra. Cada uno tenía dos alas que cubrían su cuerpo.

24 Oí el sonido de sus alas cuando andaban. Era como el sonido de muchas aguas, como la voz del Omnipotente, como el ruido de una muchedumbre, como el ruido de un ejército. Cuando se detenían, bajaban sus alas.

25 Y cuando se detenían y bajaban sus alas, se oía una voz de encima de la bóveda que estaba sobre sus cabezas.

26 Sobre la bóveda que estaba sobre sus cabezas se veía la figura de un trono que parecía de piedra de zafiro, y sobre la figura del trono había una semejanza, como de un hombre sentado en él.

27 Y vi una apariencia como de bronce refulgente, como una apariencia de un fuego dentro de ella en derredor, desde la parte de sus caderas hacia arriba; y desde sus caderas hacia abajo, vi que parecía como fuego y que tenía un resplandor alrededor.

28 Como el aspecto del arco iris que está en las nubes en día de lluvia, así era el aspecto del resplandor alrededor. Esta fue la visión de la semejanza de la gloria de Jehová. Cuando la vi, me postré sobre mi rostro, y oí la voz de uno que hablaba.

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente

Estudio y Comentario Bíblico de Ezequiel 1:

Cuando la Gloria de Dios Brilla en Medio de la Tormenta

El primer capítulo de Ezequiel nos sumerge en una experiencia que va mucho más allá de lo que podemos imaginar. Lo que ve no es solo una visión extraña, sino un recordatorio poderoso: Dios no desaparece cuando las cosas se ponen difíciles. Al contrario, es en esos momentos de exilio y desánimo, cuando todo parece perdido, que su gloria se hace presente, más viva que nunca. Es como si nos dijera, “Aquí estoy, aunque no lo veas, sigo contigo”. Y esa presencia es un ancla para el alma, una invitación a no rendirse, a seguir buscando y confiando, incluso en la oscuridad.

La Vida en Movimiento Bajo un Poder Invisible

Los seres vivientes y esas ruedas que giran sin cesar no son solo imágenes extrañas; son una forma de mostrarnos que el universo no está al azar. Todo, incluso lo que parece caótico, tiene un orden y un propósito. Me gusta pensar en esas ruedas como en el engranaje de una máquina gigante que nunca se detiene, movida por un Espíritu que sabe exactamente a dónde quiere llegar. En nuestra vida, cuando sentimos que todo se descontrola, que no entendemos por qué pasan ciertas cosas, esta visión nos recuerda que hay un camino, aunque a veces esté oculto para nosotros.

Y está ese detalle que no pasa desapercibido: las ruedas están llenas de ojos. No es solo un símbolo raro, sino una manera de decirnos que nada se le escapa a Dios. Él conoce cada paso que damos, cada pensamiento y cada decisión. Pero lo curioso es que esa vigilancia no es para juzgarnos con dureza, sino para cuidarnos con amor. Saber esto puede animarnos a vivir con más honestidad, porque vivimos bajo una mirada que sabe, que entiende y que ama de verdad.

Cuando el Corazón se Rinde al Asombro

La imagen termina con una figura majestuosa en un trono, rodeada de luces y un arco iris que parece prometer algo más allá de lo que vemos. No es de extrañar que Ezequiel reaccione arrodillándose, porque ante algo así solo queda la adoración y la atención profunda. Esa escena me hace pensar en esos momentos en los que la vida nos sorprende con algo tan grande que nos deja sin palabras y nos invita a bajar la guardia, a abrir el corazón y escuchar.

Testimonios de nuestros lectores:

Deja un comentario