Portada » 2 Crónicas 27

2 Crónicas 27

📖 Estos anuncios nos ayudan a seguir creando contenido gratuito. Si quieres apoyar nuestro proyecto y ocultar los anuncios para siempre, toca aquí para hacerte miembro.
Escucha el capítulo bíblico: 🔊
Escucha el capítulo completo: 🔊

Volver al libro 2da. de Crónicas

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente

Lee el Capítulo 27 de 2da. de Crónicas y pulsa sobre cada versículo para ver su explicación.

Lectura y Explicación del Capítulo 27 de 2da. de Crónicas:

1 Veinticinco años tenía Jotam cuando comenzó a reinar, y dieciséis años reinó en Jerusalén. El nombre de su madre era Jerusa, hija de Sadoc.

2 E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho Uzías, su padre, salvo que no entró en el santuario de Jehová. Pero el pueblo continuaba corrompiéndose.

3 Fue él quien edificó la puerta mayor de la casa de Jehová, y también muchas otras edificaciones sobre el muro Ofel.

4 Además edificó ciudades en las montañas de Judá, y construyó fortalezas y torres en los bosques.

5 También tuvo él guerra con el rey de los hijos de Amón, a los cuales venció; y le dieron los hijos de Amón en aquel año cien talentos de plata, diez mil coros de trigo y diez mil de cebada. Lo mismo le dieron el segundo y el tercer año.

6 Así que Jotam se hizo fuerte, porque preparó sus caminos delante de Jehová, su Dios.

7 Los demás hechos de Jotam, todas sus guerras y sus caminos, están escritos en el libro de los reyes de Israel y de Judá.

8 Cuando comenzó a reinar tenía veinticinco años, y dieciséis años reinó en Jerusalén.

9 Durmió Jotam con sus padres, y lo sepultaron en la Ciudad de David. Reinó en su lugar su hijo Acaz.

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente

Estudio y Comentario Bíblico de 2da. de Crónicas 27:

Jotam: Un Rey que Camina con Dios y Construye con Propósito

Cuando pienso en Jotam, veo a alguien que no solo cumplió con su deber espiritual, sino que vivió esa fidelidad de una manera que tocó cada rincón de su vida y su pueblo. No se trató de una frase bonita para decir, sino de un compromiso real que guió cada paso que dio. Caminar delante de Dios, como hizo Jotam, es poner los cimientos firmes que sostienen no solo a uno mismo, sino también a quienes confían en nosotros. A veces olvidamos que la verdadera fuerza no viene de lo que podemos hacer por nuestra cuenta, sino de esa conexión profunda y honesta con algo más grande.

Edificar en el Lugar Correcto: El Cuidado del Templo y la Ciudad

Lo que me llama la atención de Jotam es que no se quedó solo en lo espiritual. Se preocupó por su entorno, por ese espacio donde él y su pueblo vivían y se relacionaban con Dios. Construir la puerta mayor del templo o levantar ciudades y fortalezas no es solo cuestión de ladrillos; es cuidar lo que Dios nos ha dado, es proteger y embellecer nuestro hogar. Es como cuando alguien ama su casa y no se conforma con decirlo, sino que arregla, pinta y mantiene todo en orden para que sea un refugio real.

Además, estas obras no solo tenían un valor práctico, sino que también eran un símbolo de preparación y seguridad. Jotam no pensó solo en el presente, sino en el futuro de su gente. Esa visión de largo plazo, esa responsabilidad de velar por los demás, es algo que todos podemos aprender, sea cual sea nuestro rol en la vida.

El Poder de la Victoria y la Paz que Provienen de Dios

La historia de Jotam también nos recuerda que las victorias verdaderas no nacen solo del esfuerzo humano, aunque eso sea importante. Cuando logró vencer a los hijos de Amón y recibir tributo, no fue porque él fuera un guerrero invencible, sino porque su fidelidad a Dios le abrió el camino. Es como cuando uno enfrenta una tormenta y, más allá de las fuerzas propias, siente una paz que no se explica, una fuerza que viene de confiar en que no está solo. Esa paz y ese éxito son regalos que llegan cuando nos alineamos con algo más profundo que nuestros propios planes.

Un Liderazgo que Evita los Errores del Pasado

Algo que me parece muy humano en Jotam es su respeto por los límites. No entró en el santuario de Jehová, y aunque parezca un detalle pequeño, revela mucho de su carácter. A diferencia de su padre Uzías, quien pagó caro el precio de no respetar esos límites, Jotam aprendió la lección y actuó con humildad. Esa línea clara entre lo que nos corresponde y lo que debemos dejar en manos de Dios es vital para evitar caer en errores que pueden dañarnos a nosotros y a quienes nos rodean. Reconocer dónde termina nuestra autoridad es, en realidad, un acto de sabiduría y amor.

Testimonios de nuestros lectores:

Deja un comentario