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Lectura y Explicación del Capítulo 3 de 1ra. de Crónicas:
2 el tercero, Absalón hijo de Maaca, hija de Talmai, rey de Gesur; el cuarto, Adonías, hijo de Haguit;
3 el quinto, Sefatías, de Abital; el sexto, Itream, de su mujer Egla.
5 Estos cuatro le nacieron en Jerusalén: Simea, Sobab, Natán y Salomón hijo de Bet-súa, hija de Amiel.
6 Y otros nueve: Ibhar, Elisama, Elifelet,
10 Hijo de Salomón fue Roboam, cuyo hijo fue Abías, del cual fue hijo Asa, cuyo hijo fue Josafat,
11 de quien fue hijo Joram, cuyo hijo fue Ocozías, hijo del cual fue Joás,
12 del cual fue hijo Amasías, cuyo hijo fue Azarías, e hijo de este, Jotam.
13 Hijo de este fue Acaz, del que fue hijo Ezequías, cuyo hijo fue Manasés,
14 del cual fue hijo Amón, cuyo hijo fue Josías.
16 Los descendientes de Joacim fueron Jeconías y Sedequías.
17 Y los hijos de Jeconías: Asir, Salatiel,
18 Malquiram, Pedaías, Senazar, Jecamías, Hosama y Nedabías.
20 También estos cinco: Hasuba, Ohel, Berequías, Hasadías y Jusab-hesed.
23 Los hijos de Nearías fueron estos tres: Elioenai, Ezequías y Azricam.
Estudio y Comentario Bíblico de 1ra. de Crónicas 3:
La herencia espiritual que nos conecta con una historia más grande
Cuando uno se topa con el capítulo 3 de 1 Crónicas, la primera impresión suele ser: «¿otra lista interminable de nombres?» Pero si te detienes un momento, detrás de esos nombres hay algo mucho más profundo. No es solo un árbol genealógico; es un testimonio vivo de cómo Dios ha tejido su historia a través de generaciones. No es un plan improvisado ni pasajero, sino un camino que atraviesa familias, tiempos y circunstancias, manteniendo siempre esa fidelidad que nos da esperanza. Cada nombre ahí es como un latido, una vida que aportó, con sus aciertos y errores, a que el propósito divino siga su curso.
¿Por qué nuestras raíces importan tanto?
Más allá de saber quién fue nuestro bisabuelo o tatarabuelo, conocer nuestras raíces nos ayuda a entender quiénes somos hoy. En el caso de Israel, esa identidad está profundamente marcada por la historia de David, un hombre que, a pesar de sus defectos, fue llamado “según el corazón de Dios”. Su descendencia no es solo una línea de sangre, sino un recordatorio de que Dios no olvida sus promesas, incluso cuando el camino se pone difícil.
Y si lo piensas bien, en estos tiempos de incertidumbre y cambios constantes, aferrarnos a esa historia de fe nos da un ancla. No estamos aquí por casualidad. Formar parte de esta familia espiritual nos invita a vivir con una mezcla de responsabilidad y esperanza, sabiendo que cada uno de nosotros tiene un papel que jugar en algo mucho más grande que nosotros mismos.
Dios en medio de nuestras imperfecciones
Lo bonito de esta genealogía es que no está llena de héroes perfectos. Al contrario, nos muestra gente común, con sus tropiezos y momentos brillantes. Dios no necesita que seamos impecables para actuar a través de nosotros. Eso es un alivio, ¿no? Porque muchas veces nos paraliza el miedo a no ser “suficientes”. Pero la historia de David y sus descendientes nos dice justo lo contrario: Dios toma lo que somos, con todas nuestras fallas y virtudes, y lo convierte en algo valioso.















