Portada » 1 Corintios 16

1 Corintios 16

📖 Estos anuncios nos ayudan a seguir creando contenido gratuito. Si quieres apoyar nuestro proyecto y ocultar los anuncios para siempre, toca aquí para hacerte miembro.
Escucha el capítulo bíblico: 🔊
Escucha el capítulo completo: 🔊

Volver al libro 1ra. de Corintios

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente

Lee el Capítulo 16 de 1ra. de Corintios y pulsa sobre cada versículo para ver su explicación.

Lectura y Explicación del Capítulo 16 de 1ra. de Corintios:

1 En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia.

2 Cada primer día de la semana, cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas.

3 Y cuando haya llegado, enviaré a quienes vosotros hayáis designado por carta para que lleven vuestro donativo a Jerusalén.

4 Y si es conveniente que yo también vaya, irán conmigo.

5 Iré a visitaros cuando haya pasado por Macedonia, (pues por Macedonia tengo que pasar),

6 y puede ser que me quede con vosotros, o aun pase el invierno, para que vosotros me encaminéis a donde haya de ir.

7 No quiero veros ahora de paso, pues espero estar con vosotros algún tiempo, si el Señor lo permite.

8 Pero estaré en Éfeso hasta Pentecostés,

9 porque se me ha abierto una puerta grande y eficaz, aunque muchos son los adversarios.

10 Si llega Timoteo, procurad que esté con vosotros con tranquilidad, porque él hace la obra del Señor lo mismo que yo.

11 Por tanto, nadie lo tenga en poco, sino encaminadlo en paz para que venga a mí, porque lo espero con los hermanos.

12 Acerca del hermano Apolos, mucho le rogué que fuera a vosotros con los hermanos, pero de ninguna manera tuvo voluntad de ir por ahora; pero irá cuando tenga oportunidad.

13 Velad, estad firmes en la fe, portaos varonilmente y esforzaos.

14 Todas vuestras cosas sean hechas con amor.

15 Hermanos, ya sabéis que la familia de Estéfanas es las primicias de Acaya, y que ellos se han dedicado al servicio de los santos.

16 Os ruego que os sujetéis a personas como ellos, y a todos los que ayudan y trabajan.

17 Me regocijo con la venida de Estéfanas, de Fortunato y de Acaico, pues ellos han suplido vuestra ausencia,

18 porque confortaron mi espíritu y el vuestro; reconoced, pues, a tales personas.

19 Las iglesias de Asia os saludan. Aquila y Priscila, con la iglesia que está en su casa, os saludan mucho en el Señor.

20 Os saludan todos los hermanos. Saludaos los unos a los otros con beso santo.

21 Yo, Pablo, os escribo esta salutación de mi propia mano.

22 El que no ame al Señor Jesucristo, sea anatema. ¡El Señor viene!

23 La gracia del Señor Jesucristo esté con vosotros.

24 Mi amor en Cristo Jesús esté con todos vosotros. Amén.

Capítulo Anterior|Capítulo Siguiente

Estudio y Comentario Bíblico de 1ra. de Corintios 16:

Por qué el compromiso y la comunión son el corazón de la vida cristiana

Cuando Pablo habla de la vida cristiana, no se queda en ideas bonitas o sentimientos pasajeros. Nos invita a ver que la fe se sostiene con acciones concretas, con compromisos que se renuevan día a día. La ofrenda que menciona no es solo una cuestión de dinero o deber, sino una forma de demostrar que pertenecemos a una familia que camina junta, que se sostiene y se cuida. Dar no es una carga, sino una manera de decir “aquí estoy, cuento contigo y sé que cuento contigo”. Es en esos pequeños gestos donde se hace visible el amor que une a la comunidad.

Firmeza y amor: la fórmula para no perder el rumbo en la fe

Pablo nos anima a no soltarnos de la fe, a estar firmes, pero ojo, no con rigidez ni porque sí. La firmeza que él busca es la que nace del amor, esa que sostiene sin aplastar, que cuida sin ahogar. Cuando dice que todo debe hacerse con amor, está señalando algo profundo: no basta con hacer las cosas bien, hay que hacerlas con el corazón. Porque sin amor, hasta el esfuerzo más grande se siente vacío, como si faltara la chispa que da vida.

Es un equilibrio delicado, pero necesario. Sin amor, la fe se vuelve dura, excluyente, y sin firmeza, se deshace en dudas y vacilaciones. Pablo nos muestra que el verdadero camino está en mantenernos fuertes, sí, pero siempre con la ternura que une y construye.

El liderazgo que sirve y la unidad que sostiene a la comunidad

Lo lindo es que Pablo no olvida la importancia de aquellos que dedican su tiempo y energía a cuidar la vida espiritual de la iglesia. Nombra a Estéfanas y otros hermanos para recordarnos que la comunidad no es una máquina, sino un cuerpo vivo donde cada uno tiene un lugar y una función. Apoyar a los líderes no es cuestión de imponer reglas, sino de crear un espacio donde todos se sientan respetados y puedan crecer juntos. En tiempos donde las divisiones podían romper el tejido de la iglesia, este llamado a la unidad es como un faro que aún hoy nos invita a caminar juntos, a pesar de las diferencias.

Testimonios de nuestros lectores:

Deja un comentario